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Responsables en su justa medida

Para refrescar la memoria a los lectores, les recordaré que quien se encuentra acusado de la muerte de la niña Mari Luz se llama Santiago del Valle. Hasta a mí se me ha olvidado el nombre de su esposa, quien se encuentra también en prisión preventiva acusada de tan cobarde y execrable crimen.

el 15 sep 2009 / 07:51 h.

Para refrescar la memoria a los lectores, les recordaré que quien se encuentra acusado de la muerte de la niña Mari Luz se llama Santiago del Valle. Hasta a mí se me ha olvidado el nombre de su esposa, quien se encuentra también en prisión preventiva acusada de tan cobarde y execrable crimen. Mas no, parece que lo que importa es cargar las tintas sobre el juez, cuyo nombre por respeto omito, a quien se le ha abierto un expediente disciplinario por posible desatención en los asuntos que lleva en su Juzgado, con sobrecarga de trabajo.

Es por ello por que se le instruye el expediente. La dilación en la ejecución de la condena del presunto asesino por un asunto anterior, lamentable vale, no puede conectarse con el resultado de la muerte de la niña, pues la responsabilidad se ha de exigir en medida de la previsión culpable de los actos y omisiones de los presuntos responsables.

En todo caso, la gravedad en el caso de esa inejecución se habría, en todo caso, de graduar con relación a la peligrosidad que comporta el permitir que siguiera en libertad un condenado por pederastia, por el riesgo que entraña un sujeto de esas características. Pero no más allá. Mas de ahí a calificar a ese juez como asesino y pederasta va un abismo, resulta además indigno e injusto.

También considero intolerable que integrantes del Poder Ejecutivo, pretendan introducir presión para que se escarmiente a quien, de ser sancionado, sólo debería responder de su posible actuación profesional negligente en los términos indicados. Se ha de dejar que se le enjuicie con la misma imparcialidad que a cualquier ciudadano.

Ni más ni menos. Porque de lo contrario, si un terrorista, libre después de cumplir una condena que la sociedad considera ridícula porque la ley así lo establece, matara a alguien, podríamos amparar manifestaciones ante El Congreso, pidiendo que Sus Señorías se dedicaran a recoger estiércol.

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