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Respuesta al padre de Mari Luz

Legítimamente reclama respuestas a su tragedia familiar quien no comprende el porqué tiene que llorar la muerte de su hijita. Hasta ahora, me consta, sólo se le ha brindado satisfacer su pérdida, ofreciendo a público escarmiento y en bandeja de plata, dos cabezas.

el 15 sep 2009 / 02:47 h.

Legítimamente reclama respuestas a su tragedia familiar quien no comprende el porqué tiene que llorar la muerte de su hijita. Hasta ahora, me consta, sólo se le ha brindado satisfacer su pérdida, ofreciendo a público escarmiento y en bandeja de plata, dos cabezas: la del supuesto asesino, único auténtico responsable, y la de un juez a quien se culpa de no haber ordenado su ingreso en prisión, pese a haberle condenado por un previo delito de abusos a su propia hija. Políticos y prensa se han rasgado las vestiduras, crucificando, de paso, a un profesional de prestigio; mas, conviene desvelarle la verdad, sin hipocresía ni manipulación mediática de su dolor.

En primer lugar, efectivamente ha existido un trágico error humano, mas lo cierto es que ha de conocer que un juez que triplica su módulo máximo de trabajo, tiene tres veces más posibilidades de equivocarse. En Alemania, donde la ratio de jueces y juzgados triplica la nuestra, es normal que se produzcan menos errores. Existe, pues, un yerro que viene provocado por un sistema judicial obsoleto e insuficiente, y en el que prima la apariencia formal de buen funcionamiento por encima del de la calidad del servicio. En segundo lugar, se le pretende confundir con discursos coyunturales sobre la doctrina literal del crimen y castigo y de que quien la hace la paga. ¡Qué gran ignorancia!, pues una condena inferior a tres años, sin antecedentes, dada la finalidad constitucional de reinserción, se reduce a una prisión efectiva no superior a un año. No es cuestión, por tanto, de abogar por la cadena perpetua, sino de necesidad de modificar una política psiquiátrica diseñada por aficionados al bricolaje jurídico, que permite que locos peligrosos, tontos-listos, estén en la calle, con una paguita, aun cuando requerirían estar ingresados en centros con carácter permanente, por su propia salud y por la seguridad de la sociedad para la que constituyen una real amenaza.

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