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Resucitados y sobresaltados

Me refiero a la resurrección cívica que experimentamos los laicos en estos momentos primaverales y, a la vez, al sobresalto por la insurrección religiosa que agita a nuestros conciudadanos cristianos, mayormente católicos, después de sus rituales litúrgicos...

el 16 sep 2009 / 01:19 h.

Me refiero a la resurrección cívica que experimentamos los laicos en estos momentos primaverales y, a la vez, al sobresalto por la insurrección religiosa que agita a nuestros conciudadanos cristianos, mayormente católicos, después de sus rituales litúrgicos de la Pasión. Primero, el presidente paraguayo Lugo, sacerdote y obispo, suspendido a divinis por la jerarquía católica por ser político. Siendo obispo dejó de ser casto, algo muy humano, y sin condón, al parecer, porque está prohibido, engendró un hijo y no un sobrino como viene siendo habitual. No se escandalicen los católicos: el rito oriental romano permite casarse y tener hijos a los curas (maronitas) pero solo si no quieren hacer carrera, es decir, ser obispos o más. Mel Gibson, líder cinematográfico católico, ha decidido divorciarse. Después de La Pasión, tener siete hijos, declararse contra las células madre, la eutanasia, el aborto y a favor de la pena de muerte (abolida en El Vaticano en 1969), este modelo de católico practicante ha decidido que lo de su matrimonio es una excepción. Claro que el hombre no tendrá noticias de la extraordinaria misericordia del Tribunal de la Rota de Sevilla, que podría afirmar por un modesto óbolo que su matrimonio nunca existió. Menudo pelotazo turístico para esta ciudad cuyo metabolismo lo digiere todo, aunque tenga hueso.

Para colmo, prestigiosos miembros de la Iglesia, entre otros Masiá y Tamayo, se han mostrado públicamente de manera crítica contra el carácter rancio e intervencionista en lo civil de la actual jerarquía católica, en particular por sus soflamas antiabortistas, y también porque quieren que no se excomulgue a todo aquel que se escantille. Pero el asunto tiene mal arreglo: los católicos que aborten, se casen con alguien de su género, utilicen células madre, se divorcien, y hasta roben, van de cabeza al infierno. Los no católicos no, ni la mujer anglicana de Gibson; pero tenemos una ventaja, si vamos también al infierno, como dicen, no iremos antes a la cárcel, privilegio que también alcanza por ley a los católicos.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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