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Resucitar a Foucault

¿Como sanear la democracia? ¿Está acabado el 15M? ¿Tiene arreglo la política? Un pensador francés ya muerto previó las respuestas. Y un profesor sevillano las cuenta ahora, justo en puertas de unas elecciones generales. 

el 29 sep 2011 / 19:16 h.

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"La lógica de la democracia sólo se mejora con más democracia", decía ayer José Luis Moreno Pestaña, tras alabar las posibilidades de un movimiento asambleario como el 15-M cuyo futuro, entre la revolución y el colapso, en puertas de unas elecciones generales y en el momento más crítico de la historia mundial desde la crisis de los misiles, parece en entredicho. José Luis es el vecino de Sevilla que aparece ahí en la foto, sentado en la escalerilla mecánica de la Encarnación. Su aspecto juvenil y desenfadado destroza el cliché del profesor universitario de Filosofía, amén de doctor. Una estampa de sencillez que mucho menos da a entender que haya encontrado, como es el caso, algunas respuestas esenciales para el futuro de la política y hasta de la democracia en las palabras de un pensador frances que, curiosamente, lleva muerto ya casi treinta años: Michel Foucault. Hoy, el doctor Moreno se va a Córdoba a contarlo todo sobre este Foucault y su utilidad actual en una conferencia de postín, pero antes, a la sombra canalla de las Setas, ofrece varias claves para que sus paisanos sepan involucrarse en el momento presente de la política sin perder los nervios, la razón, la voz ni sobre todo la esperanza.

A riesgo de que los profesores de Filosofía del mundo se presenten en la puerta de El Correo con rastrillos, hoces y antorchas para vengar la osadía, hay que resumir a Foucault como un intelectual heterodoxo, iconoclasta y de trinchera que ni siquiera en los peores momentos de la izquierda dejó de confiar en ella (alcoyanismo, que se llamaría eso). Sus ideas para salvarle la vida a la democracia incluyen, a saber: que la política no son las palabras, sino las acciones, y que todo en esta vida forma parte de la red de relaciones del poder (e influye sobre ella). Entonces, en estos tiempos de desolación, y siempre desde la perspectiva de Foucault, ¿qué habría que hacer el 20-N?

"Lo principal, no centrarse en las palabras, sino en los comportamientos de los políticos. Las palabras, en política, no significan nada", sostiene Moreno. "Hay que exigir a los candidatos coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. También hay que tener en cuenta que no existen los buenos: los buenos y los malos son una forma mítica de pensar. Y es importante tener claro que no se puede defender la democracia si las estructuras internas de las formaciones que concurren no son democráticas." Ante este tipo de afirmaciones, alguno podría imaginarse al francés, de haber vivido hoy, plantando su tienda de campaña en la Puerta del Sol y desgañitándose con el megáfono. "Le habría agradado muchísimo el compromiso físico, el intento de tomar en las manos la vida política en un movimiento donde cada uno se representa a sí mismo", dice.

Una de las principales críticas al 15-M es la imposibilidad de que el asamblearismo, la democracia a pelo y sin representantes, conduzca a alguna parte: si no se pone de acuerdo un Congreso con 350 diputados, imagínese un descampado con docenas de millones de paisanos, cada uno con su idea en el mejor de los casos. La respuesta sería que el asamblearismo no es un fin, sino un medio de participación de demostrada utilidad. Pero cabe otro reparo: que hay quienes podrían imponer su criterio a gritos y quienes callarían por temor a ir contra el sentir dominante.

"Foucault decía", interviene el filósofo, "que para participar en las asambleas democráticas tienen que darse cuatro condiciones: la primera, que exista el derecho real a hablar libremente. Segundo, que quienes intervengan sepan de lo que hablan. Tercero, que las personas asuman lo que digan, que asuman que tomar la palabra es un ejercicio de coraje y que puede pasar, por ejemplo, que pierdan amigos. Y cuarto, que el prestigio del que toma la palabra depende de que actúe conforme a lo que dice".

Y algo más que es esencial comprender: que los responsables no son sólo los demás. "Lo más importante de Foucault es que nos saca del debate teórico y nos lleva a lo real: ¿Cuál es el tipo de vida que estamos llevando? ¿Qué exigencias personales o morales nos hacen suponer que somos expertos que dicen a los demás lo que tienen que hacer?", pregunta y se pregunta José Luis Moreno. "El tipo de sujeto en el que uno se quiere convertir tiene una repercusión en los demás; toda forma de gobernarse a uno mismo supone una forma de gobernar a los demás." Téngalo en cuenta quien escriba pancartas.

De utilidad:
José Luis Moreno Pestaña vive en Sevilla, es profesor titular de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz y hoy a mediodía acude a Córdoba, al salón de actos del IESA-CSIC, a dar una conferencia sobre Michel Foucault y a presentar un libro sobre dicho pensador francés. En sus palabras, Michel Foucault es un autor que ha marcado el pensamiento político de la segunda mitad del siglo XX. Renueva el pensamiento de izquierda en medio del descrédito del marxismo, del fin de la esperanza socialista y de la renuncia socialdemócrata no ya a la transformación del capitalismo, sino incluso a la defensa de las políticas keynesianas (o sea, aumentar el gasto público para crear empleo: endeudamiento). El libro de Moreno, Foucault y la política, aborda las implicaciones de su filosofía en el mundo actual. Y aclara el autor que sólo es un libro de filosofía política: ni en él ni en sus palabras a este periódico hay el menor intento de representar al 15-M, del cual se define como "un simple participante".

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