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Cultura

Retales de Carlos V

Música Prima presentó el jueves en el Alcázar un viaje musical por la historia del emperador.

el 06 jun 2014 / 15:00 h.

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Carlos V, las edades de un imperio * * Real Alcázar. 5 de junio. Intérpretes: El conjunto Música Prima.Francisco Orozco, dirección.

Música Prima. Música Prima.

Hay que agradecer la falta de atención que el Ayuntamiento, organizador del concierto, tuvo anoche con la prensa, sin lugar asignado, pero con cuatro filas destacadas para los miembros del Consistorio. Es así como pudimos concluir que el Salón de los Tapices del Real Alcázar, donde tantos recitales se ofrecen, es una pésima sala de conciertos. Más allá de la fila 10 el sonido se emborrona, los graves se expanden y la acústica perjudica gravemente cualquier audición. Con este condicionamiento por delante, diremos no obstante, que el programa Carlos V, las edades de un imperio, ni sirvió para retratar al emperador, ni hace justicia al grupo que lo abordó, Música Prima.

Seguramente el problema estribó en la fragilidad del propio concepto puesto en liza: concierto dramatizado. Un lugar intermedio en donde habitúa a fallar el teatro y en el que la música se da casi a modo de ilustración de las palabras (como en la brevísima exposición de la célebre Danza alta). El actor Antonio Reina no fue más allá del recitado impostado de textos de historia con aroma a libro de instituto, o de obviedades (¡Qué empiece la música!..., ¡A la batalla…!) y sólo en la introducción verbal al Mille Regretz con el que concluyó el programa pareció justificar su presencia. Más delicado resultó constatar que un músico tan a contramano y de rotunda personalidad como Francisco Orozco, director del espectáculo, no fuera capaz de imponerse. Él debía haber llevado las riendas escénicas de este irregular viaje por Carlos V, al que también le sobró humor, toda vez que estamos hablando de un personaje del calibre dramático (con episodios llenos de sombras) como Carlos de Austria.

Lo hemos dicho ya, Música Prima la integran una reunión de sólidos músicos. Y necesariamente, por el camino, tuvimos que apreciar momentos valiosos. Resultó así en la solemne interpretación por parte del juglar Orozco de Hanac Pachac Cussicuinin, en lengua quechua, sobre un mórbido colchón instrumental donde sobresalieron las violas de gamba de Rami Alqhai y Johanna Rose y la medieval de Carmen Hidalgo. Antes, Orozco y Alberto Barea entretejieron sus voces subrayando los contrastes de sus respectivos instrumentos en el anónimo Juissance vous donnerai, tema en el que se aprovechó de manera especial la presencia de los colores que arrojaron el corneto de Arnau Rodón, el sacabuche de Ramón Peña  y el bajón de Barbara Sela.

Pasó desapercibido el tema tradicional que fue expuesto para referenciar la amenaza turca. Tampoco resultaron especialmente notables los villancicos amorosos del Cancionero de Hortensia. Y sí que apreciamos las danzas interpretadas, donde el grupo habitúa a moverse con mayor soltura. El conjunto, en fin, resultó manifiestamente mejorable. En otro contexto y con un mayor trabajo de pulido, este imaginario recorrido por el emperador Carlos V puede dar mucho más de sí. Y si alguien, razonablemente, dudó anoche de la capacidad como conjunto de Música Prima sólo tiene que acudir a la primera y reciente producción discográfica de la formación: Nuevos Mundos, una emocionante inmersión en el imaginario americano desde una óptica europea donde un inmenso Orozco despliega toda la espontánea pirotécnica que ayer escatimó.

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