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Retratos en el reparto de ayudas. Mi tío Antonio y la ley de dependencia

Tiene 85 años y una mujer que vegeta en casa desde hace siete. Ella no habla, no se mueve, bajo su perpetua boca abierta. Pero sobrevive, en uno de esos minúsculos pueblos de la Andalucía interior a los que casi nunca se asoman los teletipos.

el 15 sep 2009 / 00:14 h.

Tiene 85 años y una mujer que vegeta en casa desde hace siete. Ella no habla, no se mueve, bajo su perpetua boca abierta. Pero sobrevive, en uno de esos minúsculos pueblos de la Andalucía interior a los que casi nunca se asoman los teletipos. A pesar de que su esposa registra todas las condiciones para ser considerada gran dependiente, mi tío Antonio todavía no ha recibido ayuda alguna de la Ley de Dependencia, al año y un mes de su entrada en vigor.

A diario, desde mucho antes, llegan un par de mujeres que la levantan, la atienden y él puede tomarse un respiro. Se quejó al Defensor del Pueblo de Andalucía y uno de sus funcionarios llamó a la capital: "Comprenda, que se trata de un pueblecito". ¿Desde cuando la Andalucía de los pueblecitos no es Andalucía? Y es cierto que a dicho municipio lo gobierna el PP, pero mi tío Antonio como muchos de sus coetáneos nunca se metió en afanes partidistas.

Según datos del Ministerio de Asuntos Sociales, hasta el pasado 20 de enero, a escala estatal, 119.362 personas consideradas grandes dependientes y dependientes severos de nivel 2 (que precisan de asistencia continua) empezaron a recibir asistencia. El Gobierno reconoce que se han quedado cortas las cifras que barajó el libro blanco de 2005. Pero lo pintoresco es que la celeridad en recibir las prestaciones dependa de la comunidad en la que se resida. Los andaluces están de suerte porque se ha censado a 86.000 personas que podrían ser beneficiarias, 20.000 de ellas han sido reconocidas y 12.000 ya reciben ayudas. Pero si mi tío se impacienta en Andalucía, una comunidad autónoma que se sitúa a la cabeza del pelotón, ¿qué pensarán algunos otros de mis tíos de Cataluña, sin nombre ni apellidos, donde el pasado 20 de enero se habían registrado 50.328 solicitudes, de las cuales se valoraron 33.925, pero sólo habían empezado a recibir ayudas 808? ¿O qué decir de Madrid, que por motivos políticos no firmó el convenio con la Administración central hasta once meses después de entrar en vigor la Ley?

Pero si nos felicitamos porque Andalucía, por ejemplo, sea la primera comunidad del Estado en materia de teleasistencia y centros de día para Alzheimer, siguen faltando residencias por muchos esfuerzos presupuestarios que se han hecho. Y tampoco andamos finos en cuanto a horas de ayuda a domicilio. Hace bien el Defensor del Pueblo de Andalucía, José Chamizo, en llamar la atención sobre estas cuestiones para que Andalucía siga, más o menos en vanguardia, y para que mi tío reciba alguna respuesta antes de que cumpla los noventa.

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