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Ricardi sienta a la justicia en el banquillo

La vida de Rafael Ricardi ha dado un giro de 360 grados. Este portuense ya no tiene cuentas pendientes con la justicia sino todo lo contrario. La decisión hecha ayer pública por el Tribunal Supremo de anular su condena no pueden borrar los 13 años que estuvo en prisión por un delito que no cometió. Ahora es él quien piensa reclamar que se repare el daño que le ha causado este error judicial.

el 16 sep 2009 / 06:09 h.

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La vida de Rafael Ricardi ha dado un giro de 360 grados. Este portuense ya no tiene cuentas pendientes con la justicia sino todo lo contrario. La decisión hecha ayer pública por el Tribunal Supremo de anular su condena no pueden borrar los 13 años que estuvo en prisión por un delito que no cometió. Ahora es él quien piensa reclamar que se repare el daño que le ha causado este error judicial.

No lo dudó ni un momento después de conocer la noticia. Su siguiente paso será presentar una demanda ante el Ministerio de Justicia para que se le indemnice por los años que ha pasado en prisión. "Me han quitado 13 de mi vida. Se ha hecho justicia pero muy tarde y habiendo una equivocación tan grande no se debería haber tardado tanto", señaló Ricardi. La tortilla se ha dado la vuelta. La misma persona que estuvo sentada en el banquillo de los acusados es la que piensa pedir responsabilidades a esta administración por el tiempo perdido.

Una cuantía económica no podría reparar tantos años sin libertad pero sí ayudarle a salir del bache económico que atraviesa. Sólo lo quedan seis meses para seguir percibiendo las ayudas por desempleo y después de un año no ha logrado encontrar trabajo. Sí ha conseguido, en cambio, rehacer su vida personal. Rafael reside con su pareja actual en El Puerto y pronto será padre. "Me estoy reintegrando poquito a poco pero 13 años no se borran de pronto", explicó.

Hace un año que Ricardi pudo abandonar la cárcel de Topas (Salamanca) después de que se iniciara un proceso de revisión de su condena basado fundamentalmente en unas pruebas de ADN que señalaban directamente a otro hombre.

Todo eso forma ya parte del pasado desde que el Tribunal Supremo difundiera ayer la sentencia en la que anulaba definitivamente la condena. El principal argumento de los magistrados parte de una prueba de ADN del Instituto Nacional de Toxicología del año 2000 que lo exculpa de una violación a una mujer en El Puerto en el año 1996. El pasado año los avances en estos estudios permitieron reconocer que estos restos se correspondían con los de un vecino de Jerez, F.P.J., que junto a su presunto compinche, J.B.G., están siendo procesados actualmente por este caso. Para confirmar estos hechos se hizo un nuevo estudio, conocido en julio de 2008, que confirmaba que Ricardi no tuvo nada que ver con la agresión.

La defensa, ejercida por Pro Derechos Humanos, siempre ha criticado que no se hubiese actuado una vez que se tuvo conocimiento de las primeras pruebas de ADN que le desvinculaban del delito. Ya no hay vuelta atrás, pero su letrada, Antonia Alba, no dudó ni un momento en anunciar la solicitud de una indemnización aunque considera que "el daño moral que se le ha hecho no tiene precio".

La propia sentencia lo reconoce. Los avances tecnológicos permitieron demostrar que Rafael Ricardi no cometió la violación por la que fue condenado. Los mismos adelantos que este portuense se ha perdido en los últimos tiempos le han permitido ser libre de forma oficial. El tribunal Supremo da mayor validez a los informes sobre el ADN que a los argumentos con los que en su día se justificó la condena.

El fallo de la Audiencia Provincial se centró fundamentalmente en el testimonio de la víctima que le reconoció en una rueda de reconocimiento. Sin embargo, la investigación ha puesto al descubierto la mala suerte de Ricardi y es que su descripción física se corresponde con la que dio esta mujer.

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