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Robert Mugabe veta a los observadores de Occidente

El gobierno de Zimbabue está convencido de que Occidente conspira para derrocar al presidente Robert Mugabe, en el poder desde 1980, y por lo tanto ha decidido no aceptar observadores electorales procedentes de esos países.

el 15 sep 2009 / 02:14 h.

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El gobierno de Zimbabue está convencido de que Occidente conspira para derrocar al presidente Robert Mugabe, en el poder desde 1980, y por lo tanto ha decidido no aceptar observadores electorales procedentes de esos países.

Sólo 47 países, la mayoría de África y de países en desarrollo, han sido autorizados a enviar observadores electorales para los comicios del 29 de marzo, los primeros en la historia en los que habrá a la vez elecciones presidenciales, parlamentarias y locales.

La lista de observadores autorizados incluye a todas las naciones africanas que han mostrado interés y, de otros continentes, a Brasil, Venezuela, Nicaragua, Jamaica, Rusia, China, India, Malasia, Indonesia e Irán. También se incluyen representantes de organizaciones regionales africanas y otras como la caribeña Caricom.

"Aquellos que piensan que sólo hay una elección libre y justa cuando gana la oposición, han sido excluidos", afirmó el ministro de Asuntos Exteriores, Simbarashe Mumbengegwi, al dar cuenta de la decisión. Los designados, según el alto funcionario, destacan por la "objetividad e imparcialidad" de su relación con Zimbabue.

Zimbabue está gobernado desde su independencia, en 1980, por Mugabe, de 84 años. Las últimas elecciones han estado plagadas de irregularidades, según la oposición, y la Unión Europea y países como Estados Unidos no han podido enviar observadores.

Según el embajador zimbabuense en Sudáfrica, Simon Moyo, los países occidentales prejuzgan políticamente en favor de la oposición de Zimbabue, por lo que, "¿para qué preocuparse?". Es muy frecuente ver en las elecciones africanas a misiones de la Unión Europea, de la Commonwealth o de la Fundación Carter, entre otras organizaciones internacionales o instituciones que velan por la pureza del voto.

No será el caso de Zimbabue, un país que, por ejemplo, a pesar de ser una ex colonia británica, no pertenece a la Commonwealth, una asociación que, según palabras de Moyo, sólo es un "club de blancos".

La Unión Europea, Estados Unidos y otras naciones mantienen sanciones políticas y económicas contra el régimen de Mugabe por la violación de los derechos políticos y de prensa en este país. Como en ocasiones anteriores, se espera que el papel preponderante lo asumirá la Comunidad para el Desarrollo de África del Sur (SADC, en inglés), una asociación de naciones de la que forma parte Zimbabue y que suele ser muy condescendiente con el régimen de Mugabe.

En las elecciones parlamentarias del 2005, la única misión electoral autorizada fue la de SADC, que llegó a la conclusión de que la votación se desarrolló de una manera "abierta, transparente y profesional". Todo ello a pesar de que la misma misión mostró su preocupación "por el número de electores que fueron rechazados en los centros de votación" y de que la oposición denunciara que en esos comicios hubo "un masivo fraude".

La nación que más peso tiene en la SADC es Sudáfrica, la primera economía continental y que mantiene una "diplomacia callada" al analizar los abusos políticos e informativos que se denuncian desde Harare. La SADC, en las fechas previas a los comicios, ya ha dado señales que ponen en duda su imparcialidad.

La semana pasada, uno de los jefes de la misión, Jose Marcos Barrica, dijo no estar preocupado por afirmaciones de los jefes del Ejército y de la Policía, de que sólo aceptarían como vencedor de los comicios al presidente Mugabe. "Nos habrían preocupado si las amenazas procedieran de la Comisión Electoral de Zimbabue o del líder político de la República", dijo Barrica.

A comienzos de marzo, el comandante de las Fuerzas de Defensa, general Constantine Chiwenga, afirmó que los militares sólo estaban listos para cuadrarse ante Mugabe, y el jefe de la Policía, Augustine Chihuri, señaló que no aceptaría que el país fuera gobernado por "marionetas apoyadas por Occidente".

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