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Rocinante se pone flamenco

El concurso de caballistas de la Feria convoca a medio centenar de heterogéneos participantes.

el 23 abr 2010 / 19:23 h.

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Los ganadores del concurso los dará a conocer hoy la delegada de Fiestas Mayores.
Hay quien opina que es sólo una actividad de relleno, otros creen que la Feria de Abril no sería la misma sin el concurso de caballistas y hasta existe quien vive todo el año pensando en este ratito. Su ubicación, en una pequeña extensión acordonada de la calle Pepe Luis Vázquez, no permite mucho mayor alcance, especialmente porque la cita se produce a las tres de la tarde, una hora en la que medio Real sólo tiene ojos para los pimientos fritos y la otra mitad duerme la resaquilla de la noche anterior, que fue larga.


Pese a todo, y como la afición a los caballos lejos de ser una moda pasajera va camino de convertirse en religión, medio centenar -que se dice pronto- de jinetes de todas las edades y hechuras se dieron cita ayer para formar parte de una convocatoria en cuyo jurado se situó la muy folclórica delegada de Fiestas Mayores del Consistorio, Rosamar Prieto-Castro. En medio de un cuadratín escasamente vigilado los evaluadores estuvieron durante una hora aguantando las ganas de rebujito en favor de los equinos.

Por allí pasaron todos, niños, adolescentes, papás y abuelos, parejas de hecho y sin hecho, matrimonios, flamencos, flamencas y ataviados al modo goyesco. Julito, de ocho años, era quien encabezaba el club hípico de la EGB. "Me gusta la Calle del Infierno y montar a caballo", decía a lomos de Goyito, un caballo cartujano andaluz al que él o sus progenitores habían tenido a bien ponerle varios apósitos para que las bridas no le hicieran daño. Todo un detalle.

Otro jinete, Manuel Alcalá, podía ser Guadaíra de segundo apellido, pero no, era De Henares. Vamos, que el hombre viene de Madrid cada año para lucir orgulloso a su Rocinante flamenco. Honestamente, no ha sido muy original en el bautizo de su bonachón gigante blanco pero ya se encarga él y su fiel amigo de poner la guinda con un galope cortito cuyos pasos para sí los quisiera cualquier flamenco de postín.

Con grupa o sin ella, mayores y menores de 16 años, amazonas... La nómina de categorías da para estar toda la tarde pendiente del asunto. Sin embargo, como por arte de magia, todo se soluciona en una hora de reloj. Muchos no saben bien ni lo que ganan, si una botellita de fino o unas vacaciones en Las Bahamas, pero poco les importa. Elena recorta con unas tijeras de casa de muñecas los pelos de las orejas de su caballo Kris y éste, entre relincho y relincho, sólo piensa en volver a holgazanear cuanto antes en su establo.

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