Cofradías

Rocío para los Jardines de Murillo

La dolorosa de Lastrucci entró bajo la lluvia en un abarrotado Paseo de Catalina de Ribera adelantando a la Candelaria

el 18 abr 2011 / 22:04 h.

La Virgen del Rocío, de la hermandad de la Redención, a su llegada a los Jardines de Murillo, ayer.

La contracrónica de un casi contradía debería hacerse a la contra, pero al final la lluvia, que lo intentó, no consiguió contrariarnos del todo. El Polígono se quedó en casa, asustado por la experiencia y las críticas recibidas el año pasado. Santa Genoveva decidió salir con una hora de retraso y cortó su recorrido de ida para llegar a tiempo a la Campana a contra mano por la Avenida de la Constitución, vamos que pasó dos veces por ese tramo de la Carrera Oficial. Y aunque con lloviznas aisladas o auténticos goterones en distintos momentos de la tarde, el resto se desarrolló a favor.

Y en este haber de la jornada de ayer destaca el paso de la hermandad de la Redención por los Jardines de Murillo. La criticada decisión de ampliar el recorrido de vuelta de la cofradía para pasar ante la cerrada iglesia de Santa María la Blanca para conmemorar los 50 años de la primera salida bajo palio de la Virgen del Rocío -que, por otra parte, sustituye claramente a una más que segura salida extraordinaria- recibió el respaldo del público.

Cientos de personas, tal vez miles, se congregaron en el entorno del paseo de Catalina de Ribera. Los poyetes estaban a tope desde, al menos, una hora antes, las sillitas de los chinos pusieron a prueba su resistencia y hasta los sillines de las bicicletas de Sevici, en la estación que hace esquina con la calle San Fernando, facilitaron el descanso de quienes habían madrugado -es un hablar, porque eran las 20.00 horas- para poder estar allí y ver este transcurrir inédito.

Un ejemplo: Roberto Ramos y tres amigos más estaban apostados en primera fila de acera de la mismísima puerta de Santa María la Blanca a las 19.00 horas. Estaba previsto que la cruz de guía de la cofradía, que cuenta más de mil nazarenos, llegara allí dos horas después, sin contar con que la cuadrilla del Señor de la Redención, espantada la amenaza de lluvia, pudiera querer recrearse como merecía la ocasión. "Suponemos que aquí le harán algo bonito", era su explicación para tamaña espera. Y claro, en este tiempo indefinido, se escuchan cosas como: "Redención no es un nombre, es un sustantivo". Claro, por eso, no bautizan a ningún niño como Redención.

Menos mal que los tambores de la cruz de guía avisaron con adelanto de que la cofradía estaba a la vuelta de la esquina, pisando los raíles del tranvía de la calle San Fernando. En conversación con Isis, de Cuenca, inmersa en la vorágine cofrade por obligación consorte casi de sopetón, pero, afortunadamente, interesada en los detalles que le ofrecía su interlocutora local, llegó el misterio dedicado al sustantivo de la jornada, aunque todavía es más conocido por el Beso de Judas, que pasó muy rápido, aunque sin librarse del absurdo aplauso en una levantá.

Los Jardines de Murillo son reino de la Candelaria. Un azulejo junto a la puerta de acceso a los jardines del Alcázar lo atestigua. Pero ayer, por un rato, que se fue prolongando en la misma medida en la que la cofradía penetraba en la frondosidad de este pequeño parque, se empaparon de Rocío.

Justo cuando la dolorosa de Castillo Lastrucci se asomaba a la esquina del Oriza, empezó a llover. No fueron las cuatro gotas de media tarde, aquí llegaron a la categoría de goterones, tanto que abrieron paraguas, Isis recurrió a su rebeca para cubrirse la cabeza y, después se supo, los nazarenos del noveno tramo de Santa Marta recularon hasta el interior de la Catedral, donde estaba el paso, mientras el resto de la cofradía aguardaba en la calle y el diputado mayor de gobierno, el hermano mayor y un miembro del consejo debatían la idoneidad de seguir. Tanto en la Carrera Oficial como en los Jardines, donde la Virgen miraba de reojo a la Universidad, la lluvia cesó y la banda de las Nieves de Olivares empezó otra marcha: Triana, mi Esperanza. Aplausos a cada paso, incluida nuevamente la levantá y el "ohhh" de los niños cuando el palio se arrió ante sus ojos, muestran un público entregado para soñar Rocío.

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