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Rockerías y ‘pataítas’ de El Barrio

el 18 nov 2012 / 12:05 h.

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Hubo mucho de movilización en el concierto de la noche del sábado. Los fans de El Barrio rebuscaron los euros de la entrada y saludaron al aguacero para vibrar con los himnos que el gaditano ha ido cincelando a golpe de single en 20 años de carrera y, de paso, decirle hasta luego. Porque hasta 2015 no habrá más El Barrio, Selu Figuereo no para de repetir en esta gira de 45 conciertos por toda la geografía española que necesita "una parada, un descanso" para ver si, de paso, "brota algo nuevo" de él.

Por si la dudas, y porque nadie afirmó nunca que el futuro tuviera siempre que ser necesariamente mejor, el pabellón de San Pablo concentró a miles de personas que, al grito de "¡Tú sí que vales!", ovacionaron a Selu en un espectáculo que (por entonces no lo sabían) iba a ser un compendio de todo lo mejor (lo peor ya se encargarán de señalarlo los detractores) de un cantautor que ha hecho de su fusión entre la ‘pataíta' flamenca y la ‘rockería' andaluza de Alameda y triana su seña de identidad.

Con ‘Casa los 3 patios' arrancó un decibélico concierto que durante más de dos horas no bajó del estruendo (el de la musica, el de los vítores), como si al Barrio se le hubieran aparecido en el camerino los Rolling Stones en pandilla. Quizás no era eso y sí más bien que Selu Figuereo era consciente de que hasta dentro de dos años no iba a comprobar de nuevo si, dejando correr el tiempo, va a ser capaz de mantener intacto un poder de convocatoria tan absoluto como el demostrado la noche del sábado.

Con ‘Ná de Ná' (con esa malediciente y socarrona retahíla de "se ha quedado en paro el ministro de Trabajo") hizo suya a la audiencia más joven (esa que entiende algo menos de bulerías y más de estribillos de radiofórmula) y luego El Barrio, sabedor de que ni aspira ni le hace falta entrar en el olimpo de los poetas, arengó al público a que compartiera con él el estribillo "Dame vitaminas que me entone y recupere mi abolengo".

En concierto, El Barrio suena a ratos hilo musical de coches locos y ratón vacilón, a Calle del Infierno perfumada de albero y chocolate con churros. "¡Música de la tierra, cariño!", decía un enamorado a su ‘partenaire' como si a esta le hiciera fata ubicar en el casillero correcto al centro del flash de su cámara. Sabedor del guiño de ojos de centenares de féminas, el cantante dedico un tema al sexo femenino. Todo transcurre de forma básica y espartana, cuando se está ante el poderío de este gaditano curtido primero en tablaos, luego en escenarios mastodónticos.

‘El viejo verano' y ‘Réquiem por una Magdalena' son dos de sus mejores esencias, y las destiló una tras otra, acompañado de un cuadro flamenco supervitaminado al que sólo le faltó una candela para estar más en su salsa. Algo más discutible fue el potente espectáculo audiovisual, lo mismo aparecían vitriólicas cuentas atrás que murales de colores industriales más propios de un show de música gótica. Resultón fue y, de camino, añadió a un concierto que negó la mano a lo intimista y acústico para abrazar al Barrio más desatado que sus más conspicuos seguidores habían conocido hasta la fecha.

‘Porque sin ti, yo no soy nada', ‘Tu frialdad' y ‘Mal de amores' llegaron después. Selu hizo una pausa para recordar a todos los que ahora le contemplan en lo más alto que él también estuvo en lo más bajo y pasito a pasito comenzó a disparar singles de gasolinera, carretera y manta. "Me acuerdo lo feliz que me hacía cuando al principio pasaba algún coche con mi música puesta". A eso se llama no desmerecer los orígenes propios. Porque de aquellos temas, con sus rimas facilonas, sus ripios desarmantes y la voz desencajada viene ahora este abrigo de éxito.

Una manta de aplausos y de agua que siguió cayendo mientras que, en el escenario, se rememoraban las ‘Playas de invierno' y los ‘Duermevela'. Nadie se imaginaba entonces que, por culpa de una pésima organización de acceso al pabellón, a la salida una montaña de paraguas (que fueron obligados a ser abandonados a la entrada) iba a ser pasto de los más innatos deseos del respetable de no llegar a casa empapado.

Premiadas por El Correo
Si especial fue el concierto de El Barrio para todos sus seguidores que abarrotaron el Pabellón de Deportes, mucho más lo fue para Almudena Franco, Elena María Miranda, Miriam Caro, Marta Carbonero y Carmen Velázquez, que fueron las afortunadas ganadoras del concurso puesto en marcha por El Correo de Andalucía, gracias al cual pudieron disfrutar de una entrada Platinum. Todas ellas siguieron a pie de escenario el concierto, tuvieron acceso al ‘backstage' y se fotografiaron con El Barrio. Además, recibieron un aperitivo de bienvenida y se llevaron a casa distintos recuerdos relacionados con el espectáculo.

 

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