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Roldán: "No puedo irme porque no tengo dinero"

Luis Roldán es libre desde ayer tras 15 años en prisión. No hay rastro del dinero.

el 19 mar 2010 / 07:51 h.

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El ex director general de la Guardia Civil sube en un autobús urbano tras firmar su carta de libertad.

Luis Roldán ha saldado su deuda con la Justicia por robar diez millones de euros, aunque la gran mayoría de la opinión pública observe con incredulidad cómo el ex director general de la Guardia Civil únicamente ha cumplido 15 de los 31 años de cárcel previstos y encima no se sabe nada de la millonada que se llevó.


Roldán, que ayer firmó su libertad en el penal de Zaragoza donde cumplía prisión, se fue directamente a su casa en autobús público, alegó que no tiene dinero para más, que morirá en Zaragoza en su piso de 70 metros cuadrados y que no tiene grandes planes para lo que le queda de vida dado que sólo recibirá ahora su pensión de jubilación. Vive actualmente con la que es su tercera mujer, una ciudadana del Este a la que conoció a través de internet, y en sus primeras palabras tras salir de prisión no olvidó hacerse la víctima y repartir estopa para quienes le ayudaron a preparar su plan y que, según dijo, "se han ido de rositas".


El caso Roldán ocurrió en 1993, y terminó de castigar a un Gobierno -presidido por Felipe González- que ya andaba tocado por algunos casos de corrupción y por los GAL. Hijo de un taxista, se afilió al PSOE en 1976 y en las primeras elecciones democráticas ocupó una concejalía del Ayuntamiento de Zaragoza. Ahí comenzó una fulgurante carrera política que lo terminó convirtiendo en el primer civil al mando de la Guardia Civil (1986). Sibilinamente, Roldán fue incrementando su patrimonio llevándose el dinero de los fondos reservados del Estado y adjudicando a dedo obras en los cuarteles, lógicamente a cambio de un sobre por debajo de la mesa. Al mismo tiempo, montó un entramado empresarial para ocultar sus bienes: dos chalés, un piso de más de 300 metros cuadrados en Madrid, un terreno en la costa de Tarragona y una finca en La Rioja, entre otros.


La doble vida de Roldán mientras mandaba el Instituto Armado no la olió ni el Gobierno, ni la Justicia ni la Policía. Fue una investigación del ya extinguido Diario 16 la que hizo saltar todas las alarmas en el país, que incluso se llevaron por delante al entonces ministro de Interior, Antonio Asunción, quien no tuvo más remedio que dimitir después de que Roldán decidiera que lo mejor para él era poner tierra de por medio. Paradojas de la vida, Asunción había sustituido en el cargo a Corcuera a pesar de que Roldán fue uno de los candidatos que presentaba más papeletas para el puesto dado que, todo hay que decirlo, su gestión al frente de la Guardia Civil tuvo también sus luces y logró importantes golpes contra la banda terrorista ETA y el narcotráfico.
Tras saltar el escándalo, huyó del país y fue durante diez meses una auténtica pesadilla para el Gobierno y la Policía. De hecho, cuando Felipe González nombró a Juan Antonio Belloch ministro de Interior -hoy es el alcalde de Zaragoza- le insistió en que la prioridad de su departamento era capturar a Roldán, costase lo que costase. Y al final costó 1.000 millones de las antiguas pesetas y tener a 140 policías a pleno rendimiento durante casi un año. Finalmente, Roldán fue localizado en Laos y detenido el 27 de febrero de 1995 en el aeropuerto de Bangkok (Tailandia).


Su condena fue por falsedad en documento mercantil, malversación de caudales públicos, estafa y delito con la Hacienda Pública y tres años más por el caso Urralburu. Desde entonces a disfrutado ya de ciertos permisos carcelarios y desde ayer es un hombre libre y sin cuentas con la Justicia a pesar de que los diez millones de euros continúan en paradero desconocido.


Ayer, nada más salir de la cárcel, insistió en que ya ha dicho todo lo que tenía que decir y que fue en 1994 en Ávila donde el ex espía Fernando Paesa le dijo que el dinero -escondido en paraísos fiscales- "lo tenía él, que era suyo, y se fue por la puerta con las manos en los bolsillos". Pausadamente, relató a los periodistas que le esperaban que sólo espera vivir tranquilo hasta el final de sus días y poco más. Sacó el bonobús de la cartera, subió al autobús y se dirigió a su casa a vivir el resto de los años que le queden de vida. Según él, sin dinero.


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