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Roncagliolo: "Cada vez nos vemos más por pantalla y nos tocamos menos"

el 09 oct 2010 / 20:23 h.

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Santiago Roncagliolo no repite en sus novelas tema ni escenario.
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Considerado por muchos el heredero del recién elegido premio Nobel, Mario Vargas Llosa, el también peruano Santiago Roncagliolo tiene por norma no repetir tema ni país en sus novelas. Títulos como Pudor, Abril Rojo y Memorias de una dama parecen jugar al despiste con sus lectores más fieles, los cuales no podían imaginar que la siguiente obra de este escritor estaría ambientada... en Japón. Tan cerca de la vida (Alfaguara) es el título del nuevo desafío narrativo de Roncagliolo, a quien le gusta "hacer viajar al lector". "La próxima, por cierto, tendrá a Andalucía como uno de sus escenarios", advierte.

Como una mezcla de Isaac Asimov, Murakami y Lost in Translation, Tan cerca de la vida es en el fondo una historia de amor con tintes inquietantes y envoltorio futurista. "Vivo en un mundo en el que realidad y ficción no tienen los límites muy claros", explica el escritor. "Lo que la gente llama a veces ciencia-ficción puede ser pura crónica de costumbres. Y no digamos si echamos la vista atrás: ver a alguien mientras hablamos por teléfono fue el colmo del futurismo en nuestra infancia. Ahora se llama skype".

La novela de Roncagliolo, surgida a raíz de un viaje del escritor a Japón, insiste de hecho en las nuevas formas de comunicación del mundo actual. "Hay personajes que llevan encima asistentes personales cibernéticos que son mejores que un amigo, porque con tus amigos siempre discutes, y en cambio el asistente siempre sabe lo que necesitas", sonríe. "No es tan raro que busquemos en máquinas lo que no nos dan las personas. Cada vez nos comunicamos más gracias a las pantallas, pero cada vez nos tocamos menos. Pero el amor es irremplazable, es la parte del ser humano que no te puede dar una máquina. El único juguete que nunca te venderán en un porno-shop".

AMOR FÍSICO. El protagonista de Tan cerca de la vida tendrá una intensa relación con una chica muda: difícil concebir algo más físico. "Sufrí mucho con el erotismo de la novela, porque me fascinaba la idea de que los protagonistas construyeran su propio lenguaje, sin código predeterminado. Hablan con su cuerpo, pero es muy difícil describir escenas de sexo sin ser grosero, cursi o ridículo. Opté por ser muy visual, como si el lector se hubiera colado en el dormitorio", añade.

La ciudad de Tokio reclama también su protagonismo, pero Roncagliolo subraya que "es una novela sobre Tokio que no es sobre Tokio. La manera más clara de transmitir el latido de la ciudad era poner una cámara y dejar que todas esas cosas impactantes que hay en la capital japonesa se revelen solas. Me gusta mucho la manera que tiene [Haruki] Murakami de contarte cosas de la superficie que te permiten sospechar que hay algo terrible en el fondo, algo que no puedes ver".

Pero por encima de todo, en este largo relato lo que prevalece es el amor. Eso sí, sin ninguna moraleja. "Lo que quería explicar es que el amor es lo que te salva el pellejo cuando todo se viene abajo. Eso es lo que consigue el personaje de Max, ser salvado por una mujer", dice, y concluye a renglón seguido con tono enigmático: "Por otra parte Max se enfrenta a fuerzas que no comprende y que no controla, y así es precisamente como me sentía yo mientras la escribía".

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