Cultura

Rosa Sala reconstruye la historia de la famosa Lili Marleen en un libro

Lili Marleen, la enamorada de Europa, rompió el corazón de los soldados más curtidos durante toda una década, se convirtió en la canción más traducida durante el siglo XX y ahora la escritora Rosa Sala reconstruye su historia en un libro. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 17:00 h.

Javier Sauras

Lili Marleen, la enamorada de Europa, rompió el corazón de los soldados más curtidos durante toda una década, se convirtió en la canción más traducida durante el siglo XX y ahora la escritora Rosa Sala reconstruye su historia en un libro.

"¿Hasta qué punto un producto del III Reich puede ser separado del nazismo?", se pregunta en una conversación con Efe Rosa Sala Rose, una experta germanista, traductora de Poesía y verdad, de Goethe, y autora del Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, que ahora ha publicado Lili Marleen. Canción de amor y muerte (Global Rhythm Press).

La respuesta se encuentra en "la inocencia de Lili Marleen", a la que John Steinbeck catalogó como "la única contribución positiva de los nazis al mundo", una canción con letra de un soldado alemán, música de uno de los compositores más admirados por Hitler, grabada por una cantante enamorada de un judío y coreada desde ambos lados de las trincheras durante los momentos más crudos de la contienda.

"Mi interés por esta canción viene determinado por mi pasión por la época", ha explicado Rosa Sala.

Hace diez años la escritora topó, "en una librería de viejo alemana", con las memorias de Lale Andersen -la cantante de la grabación original- en las que se inspiró Fassbinder para rodar "Lili Marleen" (1981). Con ellas, y al ver la posibilidad de "explicar la historia desde una perspectiva diferente", a través de la trayectoria de una canción, Rosa Sala se embarcó en la redacción del trabajo sobre Lili Marleen.

En 1915, cuenta en su estudio, Hans Leip, un soldado alemán que estaba a punto de partir hacia los Cárpatos, escribió un poema a las dos mujeres que disputaban su amor. Veinte años después, dos compositores germanos pusieron música a los versos de Leip: Rudolf Zink y Norbert Schultze.

"A mí me gusta mucho más la versión de Zink, que también se incluye en el CD que viene con el libro", señala Sala Rose, aunque la que triunfara finalmente fuera la de Schultze, conocido en el Reich como Schultze el de las bombas por una marcha militar que vitoreaba el castigo de la Luftwaffe sobre Inglaterra.

Norbert Schultze, relata la autora, "fue exonerado por Hitler de ir al frente, por su valor para la nación", pero, a pesar de todo, su versión tuvo problemas en su primera emisión radiofónica.

"La primera vez que se emitió, en Radio Belgrado, fue sin que la persona encargada de la programación la hubiera escuchado entera", indica la autora del libro. Por aquel entonces, Lili Marleen se llamaba "la canción del joven centinela" y comenzaba con toques de corneta y un ritmo militar, casi apto para los desfiles.

Su éxito fue tal, que la emisora comenzó a recibir cartas del frente pidiendo que programaran a diario la canción. Y así lo hicieron; a las diez menos tres minutos, todas las noches sonaba en las radios de campaña alemanas Lili Marleen.

El tema atravesó fronteras. "En Alemania circula la idea de que los ingleses, en África, pedían a los alemanes por la noche que subieran la música, mientras que los ingleses cuentan que conocieron la canción por los prisioneros de guerra", afirma la escritora.

Lo cierto es que durante los últimos años de la guerra cada bando tenía su propia versión. Los británicos la consideraban un botín de guerra y a los americanos les llegó la vinculación emocional por voz de Marlene Dietrich. Hasta los españoles de la División Azul cantaban a Lili.

Sin embargo, entre todas las versiones, tan sólo en la alemana el soldado habla de su muerte. "Todos los aliados la convirtieron en una canción de amor y esperanza, mientras que los alemanes preferían esta versión cargada de tristeza", apunta Sala Rose. "Me parece altamente significativo que los alemanes estuvieran dispuestos a cantar a su propia muerte -indica la autora-.

Algunos eran soldados curtidísimos, que habían participado en masacres y se ponían a llorar nada más oír la canción.

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