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Rosi

el 13 mar 2013 / 18:07 h.

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Nos lo temíamos, pasó. Murió Rosario Valpuesta , Rosi, cuando no era su hora y le quedaban muchas batallas por delante porque para ella vivir era un continúo desafío, que ejercía sin temor y, tantas veces, muy sola. Sus enemigos son poderosos y conocidos: aquellos que, en nombre del "sistema" que defienden sin que les quepa la menos duda, sin piedad ni dolor para con las personas, impiden que la sociedad progrese y se desarrolle humanamente. Nunca he visto a nadie que sintiera tanta repugnancia por el neoliberalismo que atenaza personas y conciencias. Usaba su voz para denunciar, una y otra vez, machaconamente si quieren, el egoísmo y la mezquindad de este sistema que es una losa que aplasta la vida y aniquila los sueños.

Era mi amiga. La última vez que estuvimos juntas fue hace mes y medio en un congreso que organizó sobre Migraciones en el siglo XXI. Estaba muy débil pero no dejó de intervenir y estar en todas las sesiones. Convocó al ministro de Justicia de Brasil y por ella vino a Sevilla durante unas horas para dar una lección magistral de Derecho y seres humanos. A Sevilla acudieron expertos de varios países de América porque ella los convocó desde su pasión americanista y su conocimiento del continente. A veces no sabemos quien es la persona que tenemos al lado: ella era una universitaria que no desistía de su vocación, una luchadora nata y una ciudadana crítica, comprometida con su conciencia del mundo, una mujer valiente que nunca cambió su discurso. Polémica y polemista, perdemos una voz en la sociedad, en la Universidad, que ella no separaba de la sociedad, en los medios de comunicación que frecuentaba, pese al cansancio y la enfermedad. Perdemos a una feminista que nos dignificó a todas las mujeres abriendo puertas a debates y a controversias, en la Universidad, cuando fue rectora y siempre en la vida, como ser humano capaz de entender lo nuevo que viene, las enseñanzas del pasado, el riego de intervenir cada día. Riesgo que asumía con el primer café de la mañana y que la sustentaba durante su jornada. En Sevilla, en el mundo. Toca visar a los amigos de tantos países donde está su marca. Qué difícil.

Lo siento tanto...
Pilar del Río

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