Cultura

Rubén Pinar hace un paréntesis en el tedio con dos faenas de oreja

Por la resuelta frescura y la firme predisposición con la que afrontó su presentación en la plaza de la Maestranza, Rubén Pinar se ganó con creces la repetición en este ruedo en el que no pudo caer mejor.

el 15 sep 2009 / 04:16 h.

Por la resuelta frescura y la firme predisposición con la que afrontó su presentación en la plaza de la Maestranza, Rubén Pinar se ganó con creces la repetición en este ruedo en el que no pudo caer mejor.

Nada más salir el segundo de la tarde ya dejó la impronta de su toreo con unos cadenciosos capotazos que ayudaron a pulir la noble condición del novillo de Peralta. Firme y dispuesto, templado siempre, Ruben Pinar acertó a tirar siempre de su enemigo en una labor empacada y sin fisuras, firmemente atornillado al suelo, en la que cosió muletazos de trazo rotundo y viaje líquido. Con la muleta siempre en la cara y el novillero naturalmente cruzado, al novillo no le quedó otra que romper hacia adelante y desplazarse en un trasteo que llegó a su cima sobre la mano izquierda. La contundente estocada con la que despachó a su enemigo puso en sus manos la única oreja del festejo.

Todavía más merecida habría sido la oreja del muy serio quinto, pero esta vez la espada le jugó una mala pasada y no le permitió rubricar la importantísima labor del alabaceteño, sobrado y poderoso, que acertó a mover la muleta con mimo y precisión de figura hasta cuajar al difícil utrero del Conde de la Maza, que exigió al novillero una firmeza sin cuento para hilvanar un sobresaliente trasteo que siempre fue a más. Fue en este novillo en el que Pinar mostró una refrescante capacidad y un valor natural y cerebral que le hace enseñar unas grandes posibilidades. Habrá que estar pendientes al torero. Aviso a los novilleros: así se pasa por la plaza de la Maestranza.

Con el peor lote del remendado y desigual encierro, a Pepe Moral le faltó esta vez una mayor frescura de ideas y se le vio un poco amontonado. No tuvo hilo la faena al primero, un animal flojo y molesto que no le dejó estar agusto. Tampoco consiguió, pese a su entrega, ligar dos pases seguidos al cuarto, un novillo que no pasó nunca y que acabó muy orientado. Con la espada, esta vez, fue una autentica calamidad.

Escasos progresos mostró el jiennense José Carlos Venegas, al que no le acompaña la solvencia ni la compostura de su toreo, que interpreta con la piernas encogidas. El tercero le planteó muchas dificultades por el pitón derecho pero si mostró muchas posibilidades por el izquierdo, sobre el que basó una larguísima y deslavazada faena que nunca tuvo rumbo. Sorpresivamente devuelto el sexto con las banderillas puestas -se había lastimado una mano- Venegas volvió a perderse en una faena plomiza y eterna que no convenció a nadie.

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