Cultura

Rusia y Estados Unidos dan un día de gloria a Berlín

el 17 feb 2010 / 21:53 h.

El temido deshielo ha comenzado en Berlín. La nieve, convertida ya en resbaladizo hielo, tiene el grosor de un escalón de patio andaluz. Moverse por las calles de la capital germana es difícil: los negros cascotes de nieve se apilan en la acera como pedazos de edificios del Berlín de la posguerra.

El paisaje desolador de la ciudad se ha convertido así en el atrezzo ideal para recibir una de las mejores películas que hasta ahora ha pasado por la Sección Oficial de la Berlinale: How I ended this summer (Alexei Popogrebsky).

La coproducción germano-rusa nos introduce en el día a día de dos geógrafos que viven aislados en un centro meteorológico del Círculo Polar Ártico. Parca en palabras, la película consigue su energía de la devastadora fuerza plástica de sus paisajes, la música, un sonido excepcional y, por supuesto, la descarnada actuación de sus actores.

El interés de la historia crece exponencialmente cuando el más joven de los geógrafos es incapaz de transmitirle a su compañero el mensaje que le ha llegado por radio: la familia de éste ha muerto en accidente. El Ártico se convierte así en una perfecta cárcel de hielo del que su protagonista espera escapar con vida.

De Rusia a Estados Unidos en un simple parpadeo: el silencio se convierte en un incesante, fresco y chispeante parloteo de la mano de la nueva película de Julianne Moore: The Kids are all right. Recién salida del horno (no diremos de bollos para no hacer el chiste fácil) de Sundance, su directora, Lisa Cholodenko, le regaló ayer al público de Berlín una película profundamente humana, cotidiana y divertida. La excelente labor de los actores vuelve cotidiano lo supuestamente excepcional: una familia formada por dos mujeres con dos hijos nacidos por inseminación artificial que, al crecer, se proponen conocer al "donador".

"Era más divertido que donar sangre", confiesa socarrón el "padre" (Mark Ruffalo) en uno de los chistes más celebrados por el público. La película no se conforma, sin embargo, ni con las bromas ni con el morbo de ver ‘una película de lesbianas' y transmite, sin moralizar, un poderoso mensaje: que el amor es el único ingrediente imprescindible en la cocina familiar.


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