Cultura

«Sabía que España ganaría la batalla de la memoria»

Almudena Grandes publica ‘Las tres bodas de Manolita’, tercera entrega de su ambiciosa saga ‘Episodios de una guerra interminable’.

el 20 mar 2014 / 22:03 h.

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Almudena Grandes da un nuevo paso en su proyecto más ambicioso. / Javier Cuesta Almudena Grandes da un nuevo paso en su proyecto más ambicioso. / Javier Cuesta El proyecto constaba de seis novelas, y ya han visto la luz tres. La última, Las tres bodas de Manolita (Tusquets), es definida por su autora, Almudena Grandes, como «una historia de supervivencia, porque de todas las categorías de personajes, mis favoritos son los supervivientes», explicó ayer antes de su presentación en la biblioteca Infante Elena de Sevilla. Manolita, la protagonista de la obra, es «una heroína tan fuerte como la Inés de Inés y la alegría, aunque vaya desarmada», explica Grandes. «Una chica del montón, la típica hermana corriente del guapo de la pandilla, a la que le toca quedarse con todos los trabajos de casa cuando la familia entera se ofrece voluntaria para ir a la guerra», lo que acaba granjeándole el mote de señorita Conmigo No Contéis. A lo largo de más de 700 páginas, el lector asiste a la transformación de la muchacha en una mujer valiosa y comprometida, y feliz. Según la escritora, la novela transcurre sobre todo en la cola de la cárcel, «entre mujeres trágicas que van a ver a sus parientes presos y otras que hablan entre sí, se intercambian recetas e información, y eso acaba siendo más valioso que lo otro», explica. «Allí la vida triunfa sobre la muerte, y Manolita adquiere un aprecio sobre sí misma que no había sentido jamás». Pero el relato está entreverado de hechos reales que a veces parecen más fantásticos que la pura ficción, como esas tres multicopistas que en el año 1940 prometían inundar Madrid de octavillas «hasta que la policía se incautó de ellas muchos años después, sin que jamás hubieran tenido uso, pues nadie sabía cómo funcionaban»; o el pingüe negocio secreto del capellán de la cárcel de Porlier, organizando para los presos cinco bodas diarias durante los siete días de la semana. «Me pareció algo tremendamente romántico y terrible», afirma. «Me pregunté qué podía pasar en un cuarto sin muebles entre un condenado a muerte y su mujer». Conmovedora es esa figura de La Palmera, un flamenco gay inspirado en Miguel de Molina que sufre la posguerra de un modo especial porque «si el estatuto jurídico de la mujer retrocedió, imagínate el de los homosexuales. En los años 40 la gente tenía miedo de lo que podía hacer, pero él tenía miedo de lo que pudieran ser» También destaca en Las tres bodas de Manolita la historia –esta vez rigurosamente verdadera y narrada por la protagonista a Grandes– de Isabel, «representante de esa clase media republicana a la que nunca le faltó de nada, pero que tras la guerra del 36 vivió un empobrecimiento radical», explica. Una situación que a la autora de Los aires difíciles le plantea ciertos paralelismos con la situación actual: «Cuando empecé a imaginar la serie, en 2008, tenía todos los argumentos, pero no podía imaginar que los avatares de mis personajes, desahucios, pérdida del trabajo, corrupción, iban a sonarnos tanto hoy. Es diferente, porque tras la guerra en España no vino la paz para los vencidos, sino otra guerra. La tentación de sacar provecho a costa del dolor y la desesperación fue muy fuerte, y favoreció una política que hizo la vida imposible a la otra mitad del país», explica. Tampoco imaginaba cuando empezó a esbozar la saga Episodios de una guerra interminable que el republicanismo iba a cobrar tanto brío –«Desde el episodio del elefante [del Rey] hasta aquí no podía imaginar que pasarían tantas cosas», dice–, pero aunque «la actualidad está siendo una caja de sorpresas», asegura que «siempre he pensado que España ganaría la batalla de la memoria, por pura ley de la gravedad: las manzanas se caen de los árboles. Y nuestro país tiene que llegar a ser, antes o después, una democracia normal», concluye.

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