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Salvados por la campana

David Mora justificó su particular Feria de Abril cortando una oreja de un importantísimo y encastado ejemplar de la familia Fraile

el 27 abr 2012 / 19:43 h.

David Mora con su oreja.
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El primer fracaso de la tarde fue el escasísimo ambiente que se vivía dentro y fuera de la plaza en una fecha, el Viernes de Farolillos, que no hace tanto llenaba por sí sola y ayer mostró aire de novillada otoñal. No acompañaba la climatología pero, sobre todo, pocos aficionados podían a estas alturas sentirse demasiados atraídos por  estas combinaciones que han enseñado su escaso tirón. Dejémoslo por ahora. 

Volvía al coso sevillano una de las vacadas más laureadas en las últimas ferias y, según dicen, hubo sus más y sus menos en los corrales para que la familia Fraile pudiera completar un encierro que brindó un abanico variado de posibilidades y registros. Los toros fueron aprovechados de forma muy desigual por una terna de circunstancias unida con muy poca química que se antojaba puro relleno en espera de la clausura de una Feria que debe abrir una amplia reflexión.

El caso es que el triunfo fue para el que más lo necesitaba. Y además sirvió para que David Mora tomara una ancha bocanada de aire después de pasar muy de puntillas alternando mano a mano con su compañero Fandiño en la tarde de los victorinos. Mora había recibido en primer lugar un altísimo ejemplar que metió la cara de cine en los primeros compases de su lidia anunciando un excelente tranco, un galope fabuloso que no se pudo sostener en sus escasas fuerzas. Había que ser un mago del temple para lograr que se mantuviera en pie y la verdad es que David Mora pudo exigir muy poco de este animal al que sí tumbó de una excelente estocada.

Pero la suerte querría que se pusiera en sus manos el quinto, que no falló al tópico y rompió en la muleta embistiendo con encastada y brava nobleza a pesar de la caótica lidia que había recibido en los primeros tercios. Había que estar delante de él y Mora no dejó de pasar algunas fatiguitas en las primeras series, que trazó en el mismo filo de la navaja y sudando la gota gorda. La verdad es que el toro de El Pilar era más emotivo por el pitón derecho y más enclasado por el izquierdo, tal y como pudo ver David, que se cambió de mano conformando el corpus central de su labor en varias series dictadas al natural que fueron creciendo en intensidad.

En un descuido fue alcanzado por el toro, que lo levantó a pulso dando una fea impresión. Afortunadamente no estaba herido y volvió a la cara, ahora sí, toreando de nuevo por el lado derecho con mayor seguridad pero sin dejar de imprimir garra y emoción a una nueva tanda de muletazos en redondo que marcaron la cima del trasteo. Aún hubo algunos ayudados antes de agarrar una fea estocada que no le impidió pasear una merecida oreja que le tuvo que saber a gloria. Pero no se olviden: el toro debe entrar en el cuadro de honor de esta Feria de Abril.

Daniel Luque también redimió en parte su paso por la Feria de Abril esforzándose a tope con el áspero pero potable sexto de la tarde, al que extrajo varias series de naturales bien compuestos después de una primera fase de sobo y acople que alargó considerablemente el trasteo. Luque advirtió tarde pero bien que el toro obedecía más y mejor atacándole, empujándole hacia delante, sobre todo por ese pitón izquierdo que supo aprovechar en el tramo final de su labor para convencer a todo el mundo que sigue contando en la línea de salida de esta extraña campaña.

El joven diestro de Gerena llegó a tener muy cerca la oreja que habría amarrado con algunos detalles finales que no tuvieron refrendo con la espada. A su manera se salvó dos veces por la campana: además de aprovechando la última bala que quemaba en el ciclo, esquivando el tercer aviso que rondaba por la excesiva longitud de su labor. Antes había tenido que vérselas con un tercero de brusca y engañosa movilidad con el que pasó mucho tiempo en la cara sin sacar nada en claro.

Algunos resoplaron cuando El Cid echó abajo, de cualquier manera, al bronco y duro ejemplar que hizo cuarto. Había pasado un calvario con él confirmando los peores augurios y empañando los detalles que fueron salvando por los pelos sus compromisos anteriores. Pero el diestro de Salteras no había sido capaz de domeñar las dificultades de ese complejo enemigo y tampoco había logrado meterle mano en serio al encastado ejemplar que abrió la tarde, otro toro con dificultades, sí, pero codicioso y con mucho que torear -aunque duró poco- que reveló el delicado momento por el que pasa el diestro sevillano después de sumar tres tardes en la Feria de Abril para marcharse sembrando demasiadas dudas sobre su estado de sitio. La anécdota de la tarde la puso sin querer El Boni, su parlanchín y exhibicionista peón de confianza, que pagó su excesiva locuacidad -vamos a centrarnos le dijo al primer toro en la lidia- con un acosón en el pecho que le dejó completamente mudo para el resto de la tarde. Vamos a centrarnos sí, no queda otra.

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