martes, 18 diciembre 2018
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Samuel Benítez

Acusaciones: encubrimiento y delito contra la integridad moral.

El Fiscal pedía: cinco años de cárcel, 220.000 euros de indemnización a la familia y 616.319,27 euros al Ministerio del Interior por la búsqueda.

La familia pedía: cinco años de cárcel y 100.000 euros de indemnización.

La defensa pedía: Absolución

Sentencia: Absuelto de todos los delitos.

el 17 oct 2011 / 19:35 h.

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Samuel, Samu, que tenía 20 años cuando Marta murió, era el amigo ejemplar en la pandilla de Miguel. Simpático, siempre dispuesto a ayudar, centrado y responsable, vivía a cien metros de la casa de Miguel, en una familia trabajadora. Tras la muerte de Marta se difundieron videos en los que se le veía comportarse de forma alegre y extrovertida, convertido en el alma de la fiesta. La Policía cree que cuando los demás tenían un problema recurrían a él, y que por eso Miguel lo llamó cuando mató a Marta y no supo qué hacer con el cadáver. En sus primeras declaraciones autoinculpatorias, de las que luego se retractarían, los jóvenes coincidieron en que fue Samuel el único que tuvo un momento de lucidez cuando llegó al piso y vio el cuerpo de su amiga y que, después de preguntarles "¿qué habéis hecho, hijos de puta?", insistió en que la llevaran a un hospital. Hasta que fue detenido siguió siendo el amigo perfecto: acompañó a la familia de Marta incluso a la comisaría para denunciar su desaparición y pegó carteles con su rostro incansablemente.

Samuel estuvo en prisión más de nueve meses, y desde allí escribió una carta a una de sus muchas admiradoras en la que le decía que quería ser modelo de ropa interior. Pero al salir de la cárcel ha conocido el lado más amargo de la fama: hoy, casi tres años después del crimen, no es que no lo cojan para ningún trabajo sino que "no se puede poner ni en la cola del Inem", aseguran en su entorno, porque todo el mundo lo reconoce al instante. El joven afronta intranquilo el juicio, aunque deseoso de que se celebre porque está "muy cansado de todo esto". Sus hábitos han cambiado mucho: ya no vive en la casa que compartía con sus padres en la barriada del Carmen, prácticamente no sale a la calle -ha tenido varios incidentes al verse perseguido por las cámaras- y no ha vuelto a entrar en las redes sociales, después de tener que desmentir que hubiera reactivado su perfil en Tuenti porque alguien agradeció en su nombre el apoyo recibido mientras estuvo preso. Su cambio físico también ha sido evidente: en sus últimas comparecencias ante el juez se le ha visto más delgado y luciendo ropa y complementos modernos y llamativos.

 

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