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San Bernardo se tiñó de verdiblanco

A las faldas del Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, titulares de la Hermandad de San Bernardo, olía ayer a incienso y beticismo en su estado natural.

el 08 mar 2012 / 21:05 h.

Guillén, a su llegada a la Casa de Hermandad de San Bernardo.

A las faldas del Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, titulares de la Hermandad de San Bernardo, olía ayer a incienso y beticismo en su estado natural. Los alumnos del Colegio Parroquial San Bernardo acudieron puntuales y en riguroso orden a las dependencias de la elegante corporación de los toreros para experimentar en su propia piel la fidelidad a un sentimiento universal: el beticismo. En la estrecha Calle Campamento había un ajetreo inusual en horario matinal.

Con los profesores en el fondo y ataviados con las más diversas equipaciones del panorama futbolístico local, nacional e internacional, los escolares corearon el Himno del Centenario desde sus asientos. El salón de actos de la hermandad del Miércoles Santo se convirtió en una improvisada pasarela en la que decenas de niños lucían orgullosos la camiseta de su equipo.

Los pequeños son rebeldes hasta en los días más señalados. "Mi madre no quería, pero me he vestido del Sevilla", presumía un zagal de sólo ocho años mientras su compañero, con la camiseta del Recreativo de Huelva, sonreía a su lado.

Había un crisol de colores antes de que Miguel Guillén, Rafael Gordillo y Fabricio aterrizaran para desatar la locura. Las camisetas de clubes modestos de fútbol base -Alcosa, Centro Histórico y Calavera- se dispersaban bajo la dominante casaca heliopolitana. El club de La Palmera proyectó un vídeo de carácter histórico antes de que el propio Guillén protagonizara un discurso elegante y respetuoso hacia el Sevilla.

"Quiero que aplaudáis a los chavales sevillistas del colegio, ya que con ellos compartís muchas horas en clase y hay que respetar a todo el mundo", ensalzó el dirigente en un gesto que originó el aplauso colectivo. Luego llegó la batería de preguntas de los escolares -uno de ellos cuestionó a Gordillo quién fundó el Betis en 1907- y los regalos del club, que invitó a los niños presentes a un partido en el Villamarín.

Fabricio desveló que antes de ser guardameta jugó un año al baloncesto y los niños sevillistas tararearon el Himno del Centenario antes de que el meta canario cumpliera con el tradicional ritual de los autógrafos. Una señal de que el beticismo está vivo.

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