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San Isidro 2012: una llamada a la calma

el 06 mar 2012 / 12:27 h.

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Perros viejos. Los Martínez Uranga –y sus socios Matilla y Simón Casas– lo han tenido claro desde el principio. Sabían que la riña de patio que ha acompañado la gestación de las primeras ferias no beneficiaba a nadie; que el despropósito no podía repetirse en el trascendental escenario venteño en unos momentos fundamentales para el futuro inmediato del negocio taurino. Los Choperitas contaban con un as en la manga: a la nueva Taurodelta no le ataba un contrato previo con Canal Plus. Podían comenzar a negociar con los toreros sin pasar el traumático fielato de All Sports Media, empresa que gestiona los derechos de imagen del llamado G-10, que ha irrumpido en el negocio taurino como un elefante en una cacharrería sin dejar a nadie contento. La negociación con la televisión vendrá después, atados los cabos habituales en fecha, ganado y honorarios con los apoderados de siempre y siguiendo los modos al uso. Seguramente, ése es el camino más coherente.

Pleno. En Madrid no se andarán con guerras; tampoco tirarán de esas revanchas que han empobrecido las primeras ferias haciendo pagar los platos rotos a quien menos se lo merecía: el aficionado que sostiene este tinglado pasando por taquilla, sean como sean los carteles perpetrados. En Madrid, y en San Isidro, toreros y empresarios tienen una oportunidad histórica para revocar la inoportuna y mal gestionada escabechina mediática, ese incierto boomerang que ha acabado impactando en la cabeza de El Juli. Ya lo saben: a algunas empresas les cuesta digerir el papel catalizador del madrileño en esos acontecimientos. También se lo dijimos: las reivindicaciones eran justas pero los modos y el momento, nefastos. Pero todo eso quedará atrás. Lo adelantaba Mundotoro hace algunos días; en Madrid ha estallado la paz. Parece que la empresa ya ha culminado una primera ronda de contactos apalabrando dos tardes con toreros como el propio Juli, Morante, Manzanares, Talavante y también Migue Ángel Perera, segundo sufridor en casa de las desproporcionadas iras empresariales. Todo hace indicar que, al margen de posibles ausencias voluntarias o entendimientos imposibles, nadie faltará premeditadamente de la primavera madrileña. Si quiere saber si toreará ese que está pensando, vaya a preguntar a la bruja Lola.

Alzamiento pacense. Y hablando de tantos y tan buenos toreros, no podemos dejar pasar el Observatorio de esta semana sin referirnos a la hermosa reacción torera de ese Juli recrecido que capitaneó el primer pronunciamiento de la gran temporada que arranca en la placita de Olivenza. Allí, junto a la frontera, el madrileño cogió su fusil secundado por Perera y cubierto por Alejandro Talavante protagonizando el festejo de mayor contenido estrictamente taurino del arranque de la campaña. Hubo otros triunfos de distinta dimensión como las cuatro orejas populistas lucradas por Ferrera en el patio de su casa, la ilusionante presentación del novillero Álvaro Sanlúcar o el cantecito que se echó Morante para los cabales que quisieron paladearlo en una reaparición que tapó todo.

Y Padilla. Lo consiguió. Volvió a vestirse de torero y lo hizo encabezando uno de esos carteles de lujo que se le han abierto de par en par después del terrorífico percance de Zaragoza. La entrega del público y de todos los medios ha sido incondicional. El Ciclón de Jerez ha reencarnado el rol de héroe popular de los toreros de antaño. Mucha suerte.en twitter @ardelmoral

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