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San Jorge, rosas y libros

Jorge es en castellano una palabra seca mientras su equivalente en catalán, Jordi, parece un diminutivo; quizás por eso aquí siempre se lo asoció con la guerra mientras allí sostuvo la leyenda de la doncella y el dragón...

el 15 sep 2009 / 03:36 h.

Jorge es en castellano una palabra seca mientras su equivalente en catalán, Jordi, parece un diminutivo; quizás por eso aquí siempre se lo asoció con la guerra mientras allí sostuvo la leyenda de la doncella y el dragón, creadora de la relación entre la rosa y el libro que se convierten en hermoso regalo. En Sevilla "San Jorge" suena, sobre todo, por el castillo de la Inquisición aunque cuando se alzó nada tuviera que ver con ella; son pocos quienes se acuerdan que es también el titular de la iglesia de la hermandad fundada por Mañara. En sus azulejos el santo caballero comparte altura con Santiago, caballero también por aquello de la Reconquista, mientras en su interior las enseñanzas no se imparten mediante la letra impresa sino con visiones pictóricas.

El San Jorge sevillano, en principio, nada tiene que ver con la imprenta, pero si con la flor porque hay otra la leyenda: la del rosal plantado por el fundador de la Caridad en uno de sus patios. Allí sigue desde hace unos 350 años para que el patrón lo haga florecer en su día, hoy, Día del Libro. El jardín donde el rosal vive no se visita pero resulta extraño que, existiendo un florista cuya tienda siempre estuvo unida al hospicio, no se le ocurriera sacar esquejes y comercializar las rosas de Mañara. Y es una pena; hubiéramos tenido fabricado la mitad de este día que Cataluña ha elevado casi a Día Nacional.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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