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San Juan y don Juan

Soy tan mayor como para haber visto la velá de San Juan de la Palma y recordar la plaza de Mengíbar con cacharritos. Aquella fiesta, cantada por Montoto y por Gutiérrez de Alba...

el 15 sep 2009 / 06:49 h.

Soy tan mayor como para haber visto la velá de San Juan de la Palma y recordar la plaza de Mengíbar con cacharritos. Aquella fiesta, cantada por Montoto y por Gutiérrez de Alba, se fue cuando se fueron los vecinos de calles como la mía, Espíritu Santo, la del long play Alucina, de Romero Sanjuán. El barrio se quedó sin gente y Sevilla se quedó sin velá porque así son las cosas aunque la Delegación municipal de Cultura se empeñe en lo contrario, como Marsé se empeñó en ese trienio de Don Juan, mito universal que sólo existe en Sevilla (y en versión Tenorio) gracias a una hostería del Barrio de Santa Cruz anclada en el turismo de Fraga Iribarne.

Meterse en líos como el de Don Juan sin apoyo social es seguir la suerte de aquella velá o a la del pasado Día de la Música, con miles de personas en la Plaza de San Francisco y, salvo las bodeguitas de El Salvador, ni un solo bar abierto en cien metros a la redonda. No hace falta un consulting para averiguar por qué el Día del Libro abren -y con oferta del 10%- todas las librerías y el Día de la Música cierra todo: cualquier evento sin incardinar en el tejido económico es pura filfa. Se desvanece como aquella velá; sirve, igual que el otro día los conciertos, para que unos chavales avispados se ganen unos euros con chiringos de cocacola, agua y cervezas y las arcas municipales queden como el suelo: lleno de latas vacías.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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