Cultura

Sandro Cordero: «Habrá sexo; no podemos traicionar el imaginario colectivo»

No es un actor de currículo interminable. Quizás por esto, el protagonista de 'Calígula' (Albert Camus) que estrena esta noche el Lope de Vega huya «del teatro de estrellas y cabezas de cartel» y se aferre a este «trabajo coral» para defender a uno -si no el mejor- de los clásicos del teatro contemporáneo

el 16 sep 2009 / 08:26 h.

Vídeo: Javier Díaz

-¿Se siente uno un poco más actor cuando consigue un papel como Calígula?

-Desde luego, me ha hecho crecer. Es algo que se suele decir, pero después de todo este proceso que ha dado a luz esta última versión de Calígula, he salido mucho más fortalecido como actor. Existe, casi por encima de otras cosas, una responsabilidad verbal muy grande. Me hizo gracia la reacción de mi padre cuando le comenté que iba a ser Calígula. Incluso después de haber hecho Galileo de Bretolt Brecht y Don Quijote, me lanzó: "¡Hombre, por fin teatro de verdad!".

-Le antecedieron en el papel actores como José Rodero y Luis Merlo. ¿Le ha atacado el pánico en algún momento?

-(Risas). Verá, casi me asusto más con lo que leo en la prensa que con lo que hago. Me dan pequeñitos ataques de nervios (más risas), pero la clave para mí es no salir al escenario pensando en encarnar a un gran icono del teatro universal, porque entonces estás perdido. Calígula es como un Hamlet, un personaje muy grande, que siempre habrán hecho grandes actores antes que uno. Hay que quitarle de encima al personaje todo lo que tiene de grandioso: dejar que Hamlet sea sólo un príncipe al que le han matado a su padre. Y en este caso, pensar qué le pasa a Calígula, por qué este chico no encuentra la felicidad.

-¿Cómo ha sido el proceso de trabajo?

-La representación de esta noche es el resultado de tres meses de trabajo, a un ritmo de seis horas diarias. En todo este tiempo, me he sentido muy arropado. No es una obra de gran estrella, aquí somos doce. Y eso, lejos de ser malo, de poder molestar a mi ego, me descarga de responsabilidad, me ayuda. El texto es el texto, pero siento que el trabajo es muy coral, con personajes secundarios muy importantes. En este Calígula nos alejamos del concepto de estrella, de cabeza de cartel. Esto es un trabajo de compañía.

-Calígula es también un personaje muy marcado por el cine. La película interpretada por Malcom McDowell es un icono que cargó las tintas en la perversión sexual del personaje. ¿Dónde pone el acento esta propuesta?

-Pone el acento en lo que escribió Camus. Reivindicamos la vigencia del texto, porque Albert Camus se convirtió en la conciencia de la Francia de posguerra, pero su apelación directa a la responsabilidad personal y su rechazo a las ideologías que matan en nombre de la justicia nunca han dejado de estar vigentes. Apelando a la libertad y a la sociedad del bienestar se han cometido atrocidades mayores que las que perpetró Calígula.

-¿Nada de sexo entonces?

-En la obra de Camus no hay tanta carga sexual, el acento se pone más en la violencia. Pero la imagen puede mucho y todos relacionamos a Calígula con su versión cinematográfica. En fin, sí, habrá sexo, no tanto como en la película, que se convierte en un filme pornográfico, pero es que no podíamos traicionar el imaginario colectivo.

-Y después de la representación, tan cruel con el género humano, ¿nos quedará algún margen para la esperanza?

-Tiene que haberla, porque si no nos vamos al carajo mañana. El propio Calígula siente al final de la obra que se ha equivocado, aunque no puede dar marcha atrás. Esto es una advertencia. La única diferencia de Calígula con el resto de los seres humanos está en el poder absoluto. Habría que vernos a muchos con ese arma.

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