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Deportes

Sangre, sudor y lágrimas

Noche de emoción, decepción y orgullo sevillista

el 30 ene 2015 / 01:33 h.

Por Nacho Pérez En esa ruleta de casino en la que se ha convertido la vida de cualquier sevillista, ayer al valiente hincha le salió el negro cuando había apostado todo su dinero al rojo. La confianza era la de siempre, la de las finales, la de saber que aunque el rival parte a priori con ventaja se saben vencedores de la contienda sin ni siquiera pelearla. Todo esto quedó demostrado en la llegada del equipo a su estadio arropado por bastantes aficionados sevillistas que querían darle sus últimas palabras de ánimo a sus héroes, esos que cuatro horas más tarde volvían resignados a sus domicilios al no haber conseguido el pase a ls semifinales de una competición que apetecía bastante, dado el despejado camino que se le había planteado hasta la final. Ya en el estadio, los Biris, con el recuerdo de lo acontecido en Glasgow y con la memoria de Jarque y Puerta muy presente aún, no pudieron desplegar el tifo que tenían preparado. Aun así no mostraron su enfado durante el partido como en otras ocasiones y fueron el motor de un Nervión que como en otras tantas ocasiones rugió a tope.  El partido seguía su ritmo, pero el gol no llegó en una primera parte en la que el Sevilla no encontró su mejor juego. Y la grada comenzó a desesperarse. Esta desesperación sólo se tornó en ilusión y esperanza cuando Diogo hizo lo imposible. Era demasiado tarde, aunque la grada no cesó de animar. Para ellos todo esfuerzo mereció la pena aunque no se consiguiera el pase. Los españolistas, ubicados detrás del banquillo visitante, fueron los únicos que salieron con sonrisa de oreja a oreja y para ellos los kilómetros de vuelta fueron mucho más cortos que para el resto de sevillistas a sus casas. Nervión no remontó como en otras ocasiones. Quizás el exceso de triunfalismo percibido en las horas previas lo impidió, quizás lo deje para otra ocasión en la que el equipo lo merezca más y no se muestre plano y previsible ante un rival que mostró más nivel del esperado. Quizás el dios de las remontadas imposibles se haya dormido. Esperemos que no sea para siempre.

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