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Sanidad prevé aumentar los trasplantes de donantes vivos un 120%

El Ministerio de Sanidad va a potenciar en 2009 al máximo las donaciones de órganos de personas vivas como respuesta a la bajada de accidentes de tráficos y al aumento de edad de los donantes de órganos fallecidos, cuya media actualmente se sitúa en los 60 años. La idea es incrementarlas un 120% durante los 12 próximos meses. Foto: EFE

el 15 sep 2009 / 20:24 h.

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El Ministerio de Sanidad va a potenciar en 2009 al máximo las donaciones de órganos de personas vivas como respuesta a la bajada de accidentes de tráficos y al aumento de edad de los donantes de órganos fallecidos, cuya media actualmente se sitúa en los 60 años. La idea es incrementarlas un 120% durante los 12 próximos meses.

El coordinador nacional de Trasplantes, Rafael Matesanz, detalló que con esta medida el Ministerio de Sanidad pretende evitar la diálisis a alrededor de 250 y 300 enfermos cada año. En el año que ahora termina, el 6,2% de todos los trasplantes renales que se desarrollaron en España fueron de donantes vivos, concretamente 137 de los 2.211 que se practicaron (1 de cada 15). Esta cifra, aunque baja todavía, representa un incremento sensible en los últimos años, paralelo a la decisión de la Organización Nacional de Trasplantes de potenciar esta técnica. Durante los años 90, los trasplantes de riñón de donante vivo sólo representaban un 1% o 2% del total de trasplantes renales. Ahora, la ONT quiere elevar en 2009 hasta el 15%, lo que supondría un incremento del 120%.

La práctica de trasplantar un órgano procedente de una persona viva era muy habitual en el campo de la medicina hasta el decenio de 1960, pero llevaba más de cuatro décadas algo olvidada en España dado que nuestro país lidera el ranking mundial de donaciones de órganos de cadáveres -en 2008 se han practicado un total de 1.550-. Ocurre que años atrás el perfil medio del donante de órgano era el de un joven fallecido por accidente de tráfico y, lógicamente, la edad de la persona que acababa de perder la vida convertía en óptimos sus órganos para ser trasplantados a otra persona necesitada. A juicio de Matesanz, el cambio en este perfil y el aumento de enfermedades que llevan a la insuficiencia renal como la hipertensión o la diabetes aconsejan la donación de personas vivas, fundamentalmente en pacientes jóvenes "como alternativa a la diálisis e, incluso, antes de que empiecen a dializarse", aclaró el médico especialista.

Ahora, ese perfil ha cambiado "sustancialmente", según Matesanz, y el perfil medio del donante es de una persona de 60 años que ha perdido la vida a causa de una hemorragia cerebral". También hay que tener en cuenta que "a partir de los 45 años más o menos el riñón pierde anualmente el 1% de su capacidad renal", por lo que los órganos trasplantados de cadáveres de más de 60 años "en ocasiones no son los más idóneos para un joven adolescente que necesite un nuevo riñón".

Antes de la diálisis. En España, alrededor de 22.500 pacientes están en diálisis y una cifra similar vive con un riñón trasplantado. Además, nuestro país es de los pocos, según Matesanz, en los que se ha logrado un equilibro entre enfermos dializados y trasplantados. La lista de espera para un donante renal es de 4.285 personas (alrededor de un 20% están en diálisis), lo que supone atender anualmente las necesidades de algo más del 50% de estos pacientes.

Con estos datos en la mano, para el Ministerio de Sanidad, llegar a los 250 trasplantes de donantes vivos cada año permitiría liberar de la diálisis a un número similar de enfermos. En este sentido, Matesanz subrayó a este periódico que "la donación de riñón de vivo es un derecho que toda persona puede ejercer, que debe ser conocido por el paciente y explorado dentro de su entorno familiar".

Hoy día, la mayoría de los centros sanitarios realizan la extracción renal mediante laparoscopia, una técnica que ha reducido de forma considerable las molestias para el donante. Los riesgos son mínimos dado que el paciente ha sido seleccionado de forma rigurosa y ha tenido que someterse a varias pruebas y análisis. Estos avances de la ciencia se traducen para el receptor del órgano en una espectacular mejora de su calidad de vida dado que se ven libre de la diálisis y, lo que es mucho más importante, han incrementado su tasa de supervivencia. Según los datos de la ONT, la esperanza funcional para los riñones trasplantados es de 10,2 años cuando el donante es una persona fallecida; 16,1 años cuando se trata de un familiar, y de 17,7 en el caso del donante vivo no familiar. Este cifra se eleva a los 39,7 años cuando el donante es un gemelo idéntico.

Declaración ante el juez. Al contrario que sucede en las donaciones de cadáveres, donde la familia del fallecido nunca conoce la identidad de la persona que recibe el órgano, en el caso de los donantes vivos es condición indispensable conocerle y declarar que no media pago alguno. De hecho, tanto el emisor como el receptor del órgano han de conocerse o ser familiar y declarar ante un juez que ambos son plenamente conscientes del acto que van a firmar y que "bajo ningún concepto media entre ellos alguna contraprestación, ya sea un pago en dinero o en especie", especificó Matesanz.

Otro de los aspectos en los que abundó el coordinador nacional es en la necesidad de crear una lista de donantes cruzados para salvar situaciones en las que los familiares de un enfermo no puedan por incompatibilidad del grupo sanguíneo donar un riñón a un familiar. En ese caso, si el donante es del tipo A, y el receptor del tipo B, el Ministerio de Sanidad cruza los datos con la idea de encontrar otra familia en la que el donante sea del tipo B y el receptor, de A.

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