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Santa Catalina, por derecho

Hay gente que sólo se acuerda de Santa Catalina cuando se cae y reclama el derecho a su restauración, olvidando cómo empezó todo. Todo empezó cuando los sevillanos...

el 14 sep 2009 / 23:03 h.

Hay gente que sólo se acuerda de Santa Catalina cuando se cae y reclama el derecho a su restauración, olvidando cómo empezó todo. Todo empezó cuando los sevillanos entraron en el Patio de la Montería en 1910 para pedirle a Alfonso XIII una Exposición Internacional. No existiendo separación entre Iglesia y Estado, las cosas se miraban de uno y otro lado más o menos con el mismo cristal, de modo que la portada de una iglesia desamortizada (y por tanto edificio municipal) podía trasladarse con fondos públicos a un templo católico a fin de declararlo Monumento Nacional en 1912; el canónigo Bandarán, a su vez, tenía derecho a enfervorizar desde el púlpito a las cofradías para que Sevilla se llenara de turistas.

Pero, desde que rige la Constitución, las cosas no son tan simples o, al menos, no deberían serlo porque son dos los poderes que deben dialogar y llegar a acuerdos beneficiosos para ambos. El dinero del contribuyente no puede emplearse en obras de iglesias -edificios de propiedad privada- sin que éste reciba algo a cambio, por ejemplo, la posibilidad de visitarlas fuera del horario de cultos, su uso público para conciertos o conferencias... Nada de eso se pactó cuando, antes del 92, se restauraron edificios eclesiásticos como la parroquia de San Isidoro (siempre cerrada), pero ésta sería una buena ocasión de enmendar el error. No por la derecha sino por Derecho.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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