Televisión

Schwartz: "En la televisión actual no hay sitio para mí"

el 11 mar 2012 / 21:15 h.

Javier Arenas (i) saluda a José Luis Sanz en un acto en Los Palacios y Villafranca este domingo.
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Fernando Schwartz lo tiene claro: lo de volver a los platós, ni se lo plantea. Y no es por falta de ganas, sino por falta de espacio. "En la televisión actual no hay sitio para mí. Ni siquiera en Televisión Española, donde, como se hagan las reformas que se están viendo venir, vamos a tener un Sálvame veinticuatro horas al día", lamenta este carismático comunicador, diplomático de carrera y actualmente volcado en la literatura, como demuestra la reciente publicación de su novela Viví años de tormenta (Espasa).

Aunque ya contaba con varios títulos en su haber, Fernando Schwartz (Ginebra, 1937) se dio a conocer entre el gran público gracias al espacio Lo + Plus, donde ofició como presentador entre 1995 y 2004 junto a Máximo Pradera y Ana García-Siñeriz. Posteriormente, en 2006, presentó el programa Schwartz & Co en la televisión autonómica balear, IB3.

Diez años antes había obtenido el premio Planeta con El desencuentro, a la que siguieron El engaño de Beth Loring (2000), Cambio dos de veinticinco por una de cincuenta (2002) y Vichy 1940, (2006), que le valió un nuevo premio de prestigio, esta vez Primavera de novela.

En Viví años de tormenta, Schwartz aborda la transición española desde un punto de vista muy poco frecuentado en nuestra literatura y nuestro cine. "Normalmente tenemos una idea de la transición como de una rebelión de las clases trabajadoras, de los sufridos obreros tomando la calle, pero ésa es una imagen que se corresponde con la realidad sólo hasta cierto punto, porque había otro mundo: el de los ricos a los cuales la muerte de Franco desconcertó por completo", explica el escritor. "Me pareció interesante hablar de estas clases privilegiadas aludiendo a sus dilemas éticos, en un momento en que tuvieron que buscar puntos de unión y entendimiento con aquellos otros estamentos de la sociedad española".

La protagonista de la novela es Lola Ruiz de Olara, sexta hija de los marqueses de Villaurbina, quien recupera la memoria de aquellos años tormentosos, con sus amores, odios, tragedias y conflictos de una generación a caballo entre dos siglos y entre dos modos de entender la vida.

"Me encanta mi Lola, es un personaje que ha cobrado vida", afirma Schwartz, quien no ha tenido el menor problema a la hora de meterse en la piel de un personaje femenino. "Antaño quizás costara más, pero creo que ahora las sensibilidades de hombres y mujeres son muy parecidas".

En su lúcido diario, a veces atropellado y dolorido pero siempre lleno de ternura, inteligencia y humor, Lola va tejiendo la historia de su familia y de una España que se resiste a desaparecer mientras el país se asoma por fin al siglo XXI. Fernando Schwartz cree que "algunos se van a cabrear" cuando se vean reflejados en su libro, pero no cree que haya ningún motivo de escándalo porque "a todos mis personajes los hemos conocido 36 veces, pero la historia de la familia y de la finca son inventados", aclara.

Y agrega: "Les conocí muy bien, les conocía de miedo, porque viví muchos años en el barrio de Salamanca y los tuve de vecinos. Eso me dio confianza para escribir".

los dueños de españa. Cuando se le pregunta si cree que, como afirman compañeros suyos como_Rafael Reig, la transición española permitió que las mismas familias que mandaban con Franco siguieran siendo las dueñas de España tras su muerte, cabecea: "Creo que no es así. mandan quienes son financieramente más estables, quienes tienen más control de las industrias, pero no son los mismos que con Franco. Aquella clase era mucho más agraria, los ricos de ahora compran fincas sólo para matar pájaros. Lo mismo puede decirse de aquellos grandes banqueros, que no tienen nada que ver con los actuales banqueros de Wall Street. En definitiva, creo que ahora mandan en España clases profesionales muy serias, médicos, arquitectos, ingenieros. Y el dueño de Zara no se parece en absoluto a mis personajes", agrega.

Schwartz también cree, haciendo un paralelismo con el momento actual, que la crisis de finales de los 70 y principios de los 80 no era comparable al crack que comenzó hace tres años. "Creo que hay una diferencia importante entre la crisis de entonces y la de ahora. Y es que aquella crisis era nuestra, sólo nuestra, de un país que salía adelante con gran dificultad, mientras que ahora la solución, si la hay, viene de Bruselas. Por más que nos produzca antipatía que nos manden otros, que nos demos cuenta de que eso de la soberanía no se lo cree nadie, tenemos al menos el consuelo de saber que hay un conjunto de cerebros pensando en cómo sacarnos del agujero", apostilla el escritor.

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