Se acabó la guerra... interna

Izquierda Unida celebra en Andalucía su XIX Asamblea, en la que Diego Valderas se despide como coordinador y cede el testigo a Antonio Maíllo.

el 15 jun 2013 / 00:00 h.

izquierdaunida3 “El poder desgasta a quien no lo tiene”. Hasta las elecciones autonómicas de 2012, IU no ha ostentado poder autonómico en los últimos 12 años en los que Diego Valderas ha sido líder de la coalición. Durante ese tiempo, los congresos de IU se han distinguido por ser duelos intensos entre dos candidatos que, a ratos, ni siquiera parecían militar bajo las mismas siglas. El tono del debate era durísimo y las acusaciones cruzadas entre oficialista y críticos acababan invadiendo el terreno personal (en la asamblea de Salobreña, en 2008, algunos llegaron a las manos). Todo ese clima de crispación y desencuentros se ha diluido este fin de semana en la 19 asamblea regional, que además tenía las cualidades para ser un gran combate interno porque afrontaba el complicado relevo de un líder con una personalidad fuerte que ha pilotado la coalición durante más de una década. Así que el aforismo de Giulio Andreotti funciona aquí. La transición tranquila de IU tiene muchos factores. Si recordamos las asambleas de 2000, 2003 y 2008 –las tres que ganó Valderas– los dos sectores enfrentados pertenecían al mismo núcleo del PCA. Del Partido Comunista, la facción con más poder orgánico con casi el 50% de representación, depende que los congresos sean pacíficos o violentos. En esta ocasión ha apadrinado al candidato oficial, Antonio Maíllo, pero irónicamente lo ha envuelto del discurso que hasta la fecha siempre han usado los críticos: renovar, reconstruir y refundar IU. Tres verbos que esgrimía la corriente alterna, y que ahora se han adueñado los mismos que llevan gobernando la coalición 13 años. Al margen del PCA, hay otras corrientes: los llamados independientes, militantes de IU pero no del PCA (38%), la CUT (11%) que lidera Sánchez Gordillo, e Izquierda Abierta (2, 2,5%). La CUT y la rama IU por la Base representan a los críticos en esta asamblea, con suficiente fuerza para presentar una lista alternativa, pero difícilmente para ganarla. La experiencia dice que cuando estas facciones pierden en su envite, o bien se difuminan y desaparecen o bien abandonan la coalición, como amenazó ayer por enésima vez Gordillo. Al margen de lo orgánico, el hecho más significativo que explica el relevo amable de IU, como dijo Andreotti, es que ahora la federación está gobernando, tiene poder institucional que repartir. Eso, coinciden todos, ha templado los ánimos. La ejecutiva propuso ayer reformar el reglamento para ampliar el número de miembros del Consejo Andaluz, máximo órgano de decisión entre asambleas: en lugar de 125 miembros, habrá 140, y en lugar de que 84 sean elegidos por las asambleas, serán 99. Así la nueva dirección podrá unificar sensibilidades e integrar a las minorías, lo cual ha sido fundamental para que la candidatura de Maíllo tenga apoyos de todas las secciones, excepto de la CUT. También hay que recordar que históricamente en las asambleas de IU saltan chispas cuando alguien menciona al PSOE y las políticas de alianzas con los socialistas. Los críticos a Valderas, y los ha habido de distintos perfiles, siempre han exigido un mayor distanciamiento del PSOE, siempre han alertado del abrazo del oso y siempre han cuestionado y criticado cualquier pacto sectorial con los socialistas. Todo esto ha sido material teórico hasta las autonómicas de 2012. El descalabro del PSOE, la victoria inservible del PP-A y el estirón de IU ha colocado a la federación dentro del Gobierno andaluz. Aun así, los críticos en este cónclave siguen identificados con la idea de romper el pacto de Gobierno con el PSOE, incluso reclaman repetir el referéndum sobre la permanencia o no dentro del Ejecutivo, una consulta que ya se hizo después de los comicios, y que salió con abrumadora mayoría a favor de entrar en la Junta. Valderas siempre ha defendido la autonomía y la independencia de IU, pero ha tenido que pelearse con muchos camaradas, incluso dentro del PCA, para convencerles de que la izquierda no podía conformarse con hacer apología del aislamiento, que no podía renunciar a condicionar el Gobierno de Andalucía y mucho menos a formar parte de él. “La política de somos pocos, pero buenos y coherentes no nos vale. No es útil si no podemos determinar la gobernabilidad”, suele decir. Valderas fue votado líder en el 2000 con el 54% de los apoyos; en el 2003 con el 59%, y en el 2008 con el 74,31%. Maíllo aspira a superarle mañana.

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