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Cultura

«Se admite citar a Tintín, pero si hablas de Mortadelo te disparan a la cabeza»

El sevillano Luis Manuel Ruiz publica ‘Temblad, villanos’, la obra que le valió el último premio Málaga de novela, y con la que ahonda en una línea narrativa más desinhibida y desenfadada.

el 25 jul 2014 / 23:59 h.

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ruizLos lectores más fieles de Luis Manuel Ruiz (Sevilla, 1973) se deleitaban con la lectura de El hombre sin rostro, su lanzamiento más reciente, cuando saltó la noticia: el escritor acababa de ganar el premioMálaga de novela con otra obra. Su título, Temblad, villanos. No han tenido que esperar mucho para que la Fundación Lara la saque a la luz.

Ambas marcan un punto de inflexión en la larga carrera de este autor: «Con ellas he intentado dar inicio a una etapa más desprejuiciada, y volverme hacia influencias que estaban siempre presentes en lo que hacía pero a las que no prestaba mucha atención consciente. Principalmente el cómic, pero también las series de televisión», explica. «Entre ambas novelas hay una diferencia de casi dos años, pero participan de un clima común. Son quizá más directas y espontáneas. La impresión que tengo es que por fin he descubierto lo que quería contar. Tal vez esto de escribir consista en encontrar lo que realmente uno tiene que contar: da igual que sean chistes o batallitas», agrega Ruiz.

En la novela, la inspectora Esther Béjar se enfrentará al caso de un descuartizamiento directamente relacionado con el mundo del cómic, un género que, según reconoce el propio Luis Manuel Ruiz, «está muy poco explotado o nada en la literatura, creo yo, o al menos en España, por lo que tengo noticia. Y es que, aunque trate de ganarse poco a poco su dignidad, sigue asociándose a lo infantil, a la falta de madurez, a la cultura más pueril. A diferencia de lo que ha ocurrido con la novela negra o cierto cine, el cómic aún no ha logrado el estatus de género maduro y adulto», lamenta, y se pregunta a renglón seguido: «¿Qué puede aportar una visión comiquera de la literatura? Velocidad, supongo; visibilidad; imaginación; la renovación del espacio del mito, poblado por héroes y villanos».

Sin embargo, la inspectora no fue el punto de partida del proyecto: «En realidad, el primer personaje que se me ocurrió fue el de Mo Pardo: una especie de superhéroe de andar por casa, dotado de poderes excepcionales pero también de excepcionales defectos. Entendí que este Holmes necesitaba un Watson apropiado, la persona normal que vertebrara la acción y en la que el lector medio pudiera reconocerse. Para ello se me ocurrió recuperar el personaje de Esther, que había jugado un rol secundario en una novela anterior mía, El ojo del halcón, y que siempre había forcejeado en mi imaginación por un poco más de protagonismo».

Quienes hayan leído el citado título u otros de Ruiz como El criterio de las moscas o La habitación de cristal se sorprenderán quizás con la potenciación del elemento humorístico. «Sí, pasa lo mismo que con El hombre sin rostro», admite. «El cómic que quería, que quiero homenajear no es sólo americano o belga. Uno habla de Tintín o Watchmen y mira, están dispuestos a buscarles un hueco en el panteón de la alta cultura: pero es mencionar a Mortadelo y la gente te dispara a la cabeza. ¡Ya lo han intentado! Este sentido del humor disparatado y algo tonto es un saludo al grandísimo Ibáñez».

Y todo ello sin complejos a la hora de usar referentes actuales y reirse de ellos. «Más que crítica social, me divertía hacer literatura con esos moldes», comenta Ruiz. «Hablar en una página de Física de partículas y en la siguiente de Belén Esteban era como construir un collage imposible que sólo la realidad se atrevería a reproducir. Porque la realidad es así: los tesoros y las basuras conviven en el mismo vertedero».

¿Seguirá produciendo Luis Manuel Ruiz al mismo ritmo? «Algo tengo, pero voy a tomarme las cosas con tranquilidad. El año que viene, si todo va bien, saldrá la segunda parte de El hombre sin rostro, y de ahí en adelante ya veremos. Lo que viene, de todas formas, es insistir en el fantástico, el policíaco, la ciencia ficción, también el terror. Veremos de qué modo se pueden trabajar los mimbres para hacer algo interesante. En fin, todo se andará, supongo».

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