Cultura

"Sé que levanto mucha expectación, eso es bueno, pero también muy arriesgado"

Considerado uno de los mejores barítonos verdianos del siglo XXI, el malagueño Carlos Álvarez es protagonista de excepción estos días en el Maestranza, donde protagoniza la ópera 'Don Giovanni', de Mozart.

el 24 nov 2014 / 14:00 h.

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El barítonoCarlos Álvarez protagoniza estos días el rol principal de la ópera Don Giovanni en el Teatro de la Maestranza. El barítonoCarlos Álvarez protagoniza estos días el rol principal de la ópera Don Giovanni en el Teatro de la Maestranza. Si las representaciones mozartianas de Don Giovanni que copan estos días el Maestranza han levantado entre los aficionados una inusitada expectación, ha sido por volver a ver y escuchar sobre los escenarios a uno de los cantantes líricos andaluces más internacionales y más queridos por el público.Carlos Álvarez ha regresado al coliseo del Paseo Colón de la mano de un personaje con el que lleva años intimando y que conoce casi como si se tratara de su segunda piel. -Si no lo ha cambiado en los últimos años su Don Giovanni es abiertamente dramático, casi diría contundente. ¿Casa bien con los criterios interpretativos barroquizantes, que tienden a la liviandad, impuestos por el director de estas funciones, Maxim Emelyanychev? -Lo que no puedo hacer es forzar mi instrumento. Quiero decir, cuando utilizas un trombón de varas, no pretendas que suene como una flauta. El criterio historicista que aplica el director tiene más que ver aquí con el uso de algunos instrumentos y con los tempi, más ligeros. Pero la vocalidad del conjunto de cantantes me atrevería a decir que es rotunda. En todo caso, algo sí que la adapto, aunque quizás tenga más que ver con lo puramente actoral. Diría incluso que este es unDon Giovanni más canalla y simpático de lo habitual. -¿Admitimos como válido ese reduccionismo que dicta que cantar Mozart es más sencillo que su otra especialidad, Verdi? -He escuchado eso en algunas ocasiones, pero es falso. En todo caso, es bastante más incómodo cantar Mozart que Verdi, porque el primero te obliga a tener una precisión absoluta. Todo lo que podría pasar desapercibido en Verdi, en el de Salzburgo está al descubierto. -Sea cantando el uno o el otro, ¿no le cansa tener que enfrentarse a ese sector del público que sólo aguarda de la ópera pirotecnia interpretativa? -Cada público es respetable. Y, ciertamente, hay quien va a la ópera a quedarse con la boca abierta ante según qué golpe de efecto del cantante que tiene delante. Lo razonable sería ir a una función lírica con un criterio, basado en la experiencia, y que vaya más allá de la pirotecnia, como usted la llama. Al final es una persona sola la que se enfrenta a lo que ve y escucha, y no podemos saber qué aguarda, en su foro interno, de nosotros. -¿Piensa acercarse más al repertorio alemán y al sigloXX? -En el repertorio alemán estoy entrando despacio. Al respecto del contemporáneo, lo he hecho, especialmente al principio de mi carrera. Sucede que cuando los teatros de ópera te llaman prefieren colocarte en un repertorio conocido para que el atractivo para el público sea el mayor posible. Es difícil la integración, por eso los cantantes de música del sigloXXno habitúan a ser grandes conocidos. -¿En qué punto se encuentra ese proyecto dedicado a la docencia al que en ocasiones se ha referido? -Ahora mismo, al haber retomado mi agenda, parado. En todo caso yo estoy ahí. Yalgo que mucha gente desconoce es que cuando te llevas semanas en una ciudad cantando en una producción, hasta ti se acercan muchos colegas y estudiantes que quieren pedirte consejo, lo que me halaga profundamente. Pero de ahí a tener un horario como docente, por fortuna no es mi prioridad ahora mismo. -El responsable del Maestranza, Pedro Halffter, lo ha incluido en su proyecto de taller de canto, junto a Ismael Jordi y Mariola Cantarero. -¿Ah, sí? Lo desconocía. Bueno, en todo caso, esperaré a ver de qué forma quiere concretarlo. -¿Ha trabajado alguna vez con el nuevo director de la Orquesta Sinfónica, el maestro JohnAxelrod? -No, y me gustaría poder hacerlo. Mi experiencia de 25 años como cantante va desde una escolanía, pasando por un coro polifónico, otro de ópera y, finalmente, papeles de solista. Pero me gustaría hacer más repertorio sinfónico-coral, punto este en el que podría coincidir con el maestro Axelrod. -Tras el parón forzoso que supuso su problema de salud en las cuerdas vocales, ¿mide incluso más cuáles son sus límites? -Aquella lesión me apareció a mí como podía haberle surgido a otra persona. En todo caso, hay una parte del repertorio en el que sé que no puedo entrar. Yni me lo planteo. Sé que lo que voy a poder abordar en el futuro está basado en la confianza de que puedo sacarlo adelante. Las decisiones sobre qué cantar y qué no están basadas también en la intuición, de una forma muy natural me voy acercando más a unos personajes y me voy alejando de otros. Es así, sin más. -¿A qué cree que se debe que cada comparecencia suya sobre las tablas despierte tanta expectación? -Tiene razón en que siempre siento sobre mí un enorme peso, una gran responsabilidad. Esa expectación es buena, pero también puede volverse rápidamente contra ti. Por ejemplo, el público sigue haciendo referencia a mi vuelta a los escenarios tras la enfermedad, pese a que regresé en 2011. En todo caso, si hay una palabra que no está en mi diccionario es defraudar.

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