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Cultura

Se va uno de los últimos reyes del cante flamenco más serio

el 08 sep 2011 / 19:43 h.

Calixto Sánchez, el pasado sábado en el Festival de Cante Jondo Antonio Mairena.

El pasado sábado, cuando el maestro Calixto Sánchez anunciaba en el festival de Mairena del Alcor, su pueblo, que ya no cantaría más en él y que se iba del cante –lo dijo hace muchos meses–, sus paisanos ni se inmutaron. No se lo creyeron. Mucho menos después de que acabara de cantar con la voz en las nubes y una maestría que escasea cada día más en el mundo de lo jondo. “¿Cómo se va a ir del cante un artista aún joven que, además, conserva intacta sus facultades?”, se preguntaban algunos aficionados de Mairena y de otros pueblos de Sevilla que estaban en la Casa Palacio de Mairena.

Es la misma pregunta que se hicieron los aficionados de Sevilla cuando se fue Naranjito de Triana, en el Maestranza y dando un concierto memorable con media docena de grandes guitarristas. El maestro de la calle Fabié de Triana se fue, quizás, porque podía permitírselo. Pero, sobre todo, porque estaba asqueado del mundillo, cansado de incomprensiones y de persecuciones.

Históricamente, el cantaor de flamenco ha muerto siempre con las botas puestas, en el tablao. Ocurrió con Silverio, Chacón, Vallejo, Marchena, la Niña de la Puebla, Caracol, José Cepero, Pepe Pinto y Antonio Mairena, entre otros muchos. Mairena supo retirarse a tiempo de los escenarios andaluces y del resto del país, aunque nunca se alejó del todo del cante.

El cantaor nunca se va definitivamente, aunque se muera, como ocurre con los toreros. Calixto Sánchez Marín (Mairena del Alcor, 1946) ha hecho lo que llamamos un carrerón dentro del cante jondo. Comenzó a cantar cuando en el cante reinaba su paisano más ilustre, Antonio Mairena, en una época, los años 60, en la que el cante por derecho renacía de sus cenizas. Tímido para el cante y estudiante de Magisterio, cuando en 1966 ganó el concurso de su pueblo era ya un gran cantaor, como puede comprobarse escuchando las grabaciones de aquel año. Mairena tenía entonces a un buen número de grandes cantaores aficionados, como eran Confite, Fernando Porrito, Joselito Tirado o Antonio Ortega. Pero el de mayor proyección artística era Calixto Sánchez. Cuando en 1980 ganó el Giraldillo, en la I Bienal de Flamenco, era ya un cantaor con un disco en el mercado y galardonado en otros concursos de cierta importancia.

Sin embargo, el Giraldillo le convirtió en una gran figura del cante jondo con apenas 34 años de edad. Y desde entonces hasta la fecha, algo más de treinta años, el de Mairena ha sido una de las principales figuras del cante, que se ha encargado de crear una más que interesante obra discográfica y de aportar a nuestro arte lo suficiente como para que no sea recordado sólo por el que ganó el Giraldillo en aquellas tres noches memorables del Lope de Vega, que viví desde la primera noche hasta la última con sólo 22 años de edad. Aunque no se lo crean, el cantaor va en serio cuando dice que se va del cante, al menos de los escenarios.

Se lo puede permitir y, además, se ha ganado a pulso un merecido retiro en plenitud de facultades tanto físicas como mentales. Es inteligente y sabe muy bien que un cantaor de su estilo apenas tiene ya sitio en un arte que va por otros derroteros. Y ahí está un poco el motivo de su retiro de los escenarios. Seguramente no deberíamos permitírselo, pero, por otro lado, ¿por qué no? Lo que habría que hacer es agradecerle con un gran homenaje todo lo mucho y bueno que le ha dado a este arte.

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