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Segunda vuelta, comienza la campaña más dura

En este primer tramo no ha habido el ritmo frenético de hace tres años. Tampoco injerencias externas en los juzgados ni protestas de colectivos.

el 12 mar 2015 / 23:16 h.

CARTELERIA PROPAGANDISTICA ELECTORAL DE PARTIDOS POLITICOS Un hombre pasea en bicicleta junto a dos publicidades electorales. /José Luis Montero     Daniel Cela/Alberto Cabello   La campaña electoral acaba de rebasar su ecuador sin hacer demasiado ruido. Ninguno de los candidatos ha recorrido aún todas las provincias, algo que sí ocurrió en el primer tramo de campaña para las elecciones de 2012. No ha habido tanto frenetismo, tampoco ha habido tantas injerencias externas ni de los juzgados ni de protestas de colectivos (hace tres años los sindicatos preparaban una huelga general en mitad del proceso electoral). Además los principales aspirantes han coincidido en sus primeros movimientos, los tres se han concentrado en Andalucía occidental, alternando actos de calle y mítines grandes en las provincias de Sevilla, Cádiz, Huelva, Málaga y Córdoba, pero siempre volviendo a dormir a la capital. Comienza ahora la segunda vuelta hasta el 22 de marzo, y de momento todos los candidatos se sienten vencedores. Un ganador debe parecerlo antes que serlo. El primer tramo de campaña ha dejado algunas claves visibles en la estrategia de los partidos. La candidata socialista, Susana Díaz, compaginó, al comienzo, su agenda institucional, como presidenta de la Junta, con sus actos de partido y sus mítines electorales, algo que le han reprochado sus adversarios y que ya no ha vuelto a repetir.  Díaz batalla en primera línea, y en la retaguardia cuenta con la poderosa maquinaria electoral del PSOE, pero ha decidido prescindir de teloneros ilustres, como el secretario general de su partido, Pedro Sánchez, que aparecerá hoy por primera vez en campaña, coincidiendo en un mitin con la candidata en Almería. Tampoco se dejarán ver los últimos dos expresidentes andaluces y candidatos socialistas, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, que deben declarar como imputados ante el Tribunal Supremo por el fraude de los ERE cuando termine la campaña. La agenda del PSOE los ha borrado, y Susana Díaz sólo menciona al expresidente Rafael Escuredo en sus mítines, repitiendo una y otra vez el símil entre la Andalucía que emprendió la aventura autonómica a principios de los ochenta y la Andalucía actual. «Es un momento histórico», repite la candidata, «es hora de blindar los derechos que las generaciones anteriores consiguieron». A Díaz, acostumbrada a tener un control minucioso sobre todo lo que le rodea, se le fue de las manos el debate de Canal Sur Televisión, donde se sintió incómoda por los ataques de sus adversarios, el popular Juan Manuel Moreno y el izquierdista Antonio Maíllo. Tuvo que salir tras el cara a cara a repetir prácticamente lo mismo que había dicho en el plató, y sus rivales la acusaron de intentar ganar fuera lo que no fue capaz de ganar dentro. El debate fue un punto de inflexión en la campaña, porque insufló energía y optimismo tanto a Moreno como a Maíllo. Ambos partían con un grado de desconocimiento próximo al 50%, eran dos desconocidos que se enfrentaban a un torrente de popularidad como Díaz, y los dos salieron del debate convencidos de que habían vencido. Con todo, la socialista sigue siendo la favorita, y así lo ratificaron todas las encuestas que se publicaron en el arranque de campaña, incluido el CIS, aunque también todas subrayaron que su mayoría será insuficiente y tendrá que pactar. Díaz no hace caso de los sondeos, porque cada día se echa a la calle, pasea por los pueblos, casa a casa, entra en centros de salud y en mercados, está cogiendo y besando a más bebés que de costumbre en un político (todo el mundo le comenta su embarazo y le hace regalos para su hijo) y esa pulsión en las aceras le dice al oído que ganará, y «ganará bien», como ella misma repite. La gestión del caso ERE Chaves y Griñán no están en la agenda del PSOE, y muy poco en la del PP, en comparación con la última campaña. El caso ERE fue el candidato oscuro en las elecciones de 2012, el que más hizo sangrar a los socialistas, el que más vigor dio a los populares. Moreno Bonilla no está usando los ERE como ariete electoral, no con la misma intensidad, y parece sentirse inseguro atacando a Díaz con la corrupción. En el debate, por ejemplo, ella le preguntó a él más veces por sus imputados en las listas electorales, y él apenas acertó a responderle con la foto de Chaves y Griñán a su lado. El aspirante del PP-A, al contrario que Díaz, está haciendo una campaña escudado y en volandas de los ministros del Gobierno y del propio presidente. Mariano Rajoy ha estado ya tres veces con Moreno (dos en precampaña y una en campaña), y cuando no ha venido él, ha estado alguno de los ministros más valorados de su gabinete. La socialista lo llama «la romería de ministros» por Andalucía. Los actos del candidato popular son de baja intensidad y en alguna ocasión ha olvidado explicar la promesa electoral que llevaba preparada para encajar en un sitio concreto: educación en un colegio, salud en un ambulatorio… Contrasta la relajación y aparente tranquilidad de Moreno con la hiperactividad y el ritmo frenético de su antecesor, Javier Arenas, que cada mañana le contaba a los periodistas que le seguían los kilómetros que habían sumado respecto al día anterior (a veces tres provincias por jornada). El mantra de Moreno es repetir que él representa «algo nuevo», lo repite a diario, y lo compara con 33 años de gobiernos socialistas. Los populares le están echando el pulso a los socialistas, pero no se olvidan de lanzar advertencias sobre «partidos experimento», en referencia a Podemos, pero sobre todo a Ciudadanos, que amenaza con restarle votos del centroderecha. Moreno está abonado al voto útil desde el minuto uno de campaña. En su último acto en Sanlúcar de Barrameda, donde el candidato de Ciudadanos, Juan Marín, gobierna con el PSOE, los populares fueron especialmente duros contra él. Izquierda Unida se esfuerza en reconducir una estrategia que quedó herida de muerte tras el adelanto electoral y que, además, ha tenido el aderezo del vendaval Podemos. La formación de Antonio Maíllo ha optado por basar su campaña en actos pequeños y cercanos a la gente, pero hasta ahora no parece que el candidato a la Presidencia de la Junta haya conseguido encontrar una estrategia que marque distancias con sus rivales por conquistar al votante de izquierda. Maíllo estuvo a punto de quedar engullido por Díaz y Moreno Bonilla en el primer debate a tres, pero supo reconducir su actuación en la segunda parte, mezclando las propuestas de su partido con reproches a PP y PSOE, que le hicieron reintegrarse en la dinámica de la cita a tres. Podemos confía en la inercia de su marca para confirmar lo que todos los sondeos ratifican: convertirse en la tercera fuerza política de Andalucía. Para ello, ha optado por camuflar a Teresa Rodríguez y darle menos protagonismo del que se auguraba antes de la campaña. Fiel a esta idea corresponde la ausencia de la candidata gaditana al debate a siete del pasado martes. Una decisión extraña y que en el entorno de la formación ya admiten como un posible error. El reconocible código de barras de Podemos estuvo ausente del debate mientras su candidata a la Presidencia a la Junta de Andalucía organizaba uno alternativo en Jaén. El impulso a su campaña llegará con la presencia de Pablo Iglesias en tres mítines durante esta segunda ronda. Ciudadanos también ha centrado su campaña en actos pequeños. Su candidato, Juan Marín, ha priorizado su mensaje en hablar de las propuestas de su formación, aunque no ha tenido más remedio que entrar al trapo ante las críticas que el PP ha hecho a su formación, prueba de que el partido ya preocupa a los grandes.

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