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Seguridad y democracia: el mal ejemplo italiano

Cuando comencé a vivir en Italia me resultaba pintoresco ver los 28 de octubre a un grupo muy reducido de hombres, siempre hombres, vestidos con camisas negras en un restaurante al que yo solía ir atraída por la magnífica Bistecca alla fiorentina que ofrecía.

el 15 sep 2009 / 23:06 h.

Cuando comencé a vivir en Italia me resultaba pintoresco ver los 28 de octubre a un grupo muy reducido de hombres, siempre hombres, vestidos con camisas negras en un restaurante al que yo solía ir atraída por la magnífica Bistecca alla fiorentina que ofrecía. Celebraban allí la Marcha sobre Roma con una copiosa cena presidida por una foto del Duce. Algo que dejó de parecerme pintoresco cuando en 1994 se fundó la fascista Alleanza Nazionale que ese mismo año, junto con la Forza Italia de Berlusconi y la xenófoba Legal Nord ganó las elecciones. Y mucho menos me lo parecería ahora, cuando la última victoria de Berlusconi el pasado año ha coincidido con el estallido de la crisis económica y el desarrollo de episodios xenófobos que en gran medida se han visto amparados y legitimados por el gobierno italiano. Por ejemplo, con medidas como la que permite a los médicos que hayan atendido a inmigrantes indocumentados denunciarlos para ser repatriados. Se trata, de una muestra más de que el Estado democrático italiano se debilita día a día al difuminarse en el "sistema de desvalores" que Berlusconi propicia para Italia, según el hasta hace días líder de la oposición, Walter Veltroni,. El último episodio de esta deriva ha sido la aprobación de un decreto urgente por parte del gobierno Berlusconi que autoriza y regula las patrullas de ciudadanos. Con esta norma se permite que las rondas de ciudadanos, en principio no armadas, patrullen por las noches en los barrios de las ciudades italianas, teóricamente, para velar por la seguridad de sus vecinos. Dando así carta legal a las que venían funcionando de hecho desde tiempo atrás y que habían provocado ya varios episodios de enfrentamiento con inmigrantes.

La excusa que ha llevado a aprobar con carácter de urgencia estas patrullas ha sido una serie de violaciones en varias ciudades italianas cuya autoría se ha achacado a ciudadanos extranjeros. Las patrullas se presentan como un instrumento para proporcionar mayor seguridad a los ciudadanos y de hecho el decreto da preferencia a la hora de formar parte de ellas a las asociaciones de ex agentes de policía y carabineros, tratando de transmitir así la idea de que se trata de "personas que saben lo que hacen". Pero lo cierto es que de esa manera no es la seguridad ciudadana lo que aumenta sino la arbitrariedad, el desorden y la insolidaridad, es decir, todo lo contrario de lo que en realidad hace que nuestras sociedades sean más seguras y democráticas.

El punto de partida de esas patrullas no es otro que la criminalización apresurada de los inmigrantes y lo que de verdad suponen es la dejación de funciones básicas del Estado, que renuncia a su poder democrático haciendo creer a los ciudadanos que la venganza y la interpretación personal de la ley son sus mejores defensas frente a la violencia. La mejor forma de combatir la inseguridad es fortalecer la solidaridad y los mecanismos que proporcionan vida digna a todas las personas. ¿Es sincera esa búsqueda de la seguridad en gobernantes que al mismo tiempo reducen el gasto público social, que no hacen sino flexibilizar los mercados generando un empleo cada vez más precario y exclusión social? Podemos pensar que este tema no nos preocupa porque nosotros no vivimos en Italia. Pero los episodios y comentarios xenófobos se suceden a nuestro alrededor y es posible que el deterioro de las condiciones económicas y laborales como efecto de la crisis financiera los incremente. A la vista de esos ejemplos, es más urgente que nunca que fortalezcamos los valores ciudadanos y nos armemos, no en patrullas, sino moralmente.

Vicerrectora de la Pablo de Olavide

lgalvez@upo.es

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