Cultura

Sello de calidad

Gnawa/ Domina Nostra/
Órbita y Derivas

Lugar: Festival de Itálica. Teatro Maestranza, 6 de julio. Compañía: Compañía Nacional de Danza. Coreografía: Nacho Duato/ Àngels Margarit. Dirección Artística: Hervé Palito. Interpretación: Tamako Akiyama, Clyde Archer, Luisa María Arias, Fernando Carrión, Jean Phillipe Duray, Alan Falieri, Marina Jiménez, Ana Mª López, Francisco Lorenzo, Isaac Montllor, Lucio Vidal. ***

el 07 jul 2011 / 19:45 h.

Gracias al Festival de Itálica hemos tenido la oportunidad, no sólo de volver a disfrutar de la Compañía Nacional de Danza que llevaba ya algunos años sin visitarnos, sino de ver por última vez el trabajo de Nacho Duato quien, tras su cese como director de esta compañía, ha prohibido de forma expresa que sus creaciones se representen en nuestro país a partir del 31 de julio.

Ahora la Compañía ha de tomar un nuevo rumbo y asumir el reto de mantener el nivel creativo que la ha caracterizado a lo largo de los veinte años de dirección de este reputado coreógrafo, quien llevó a cabo una significativa labor de dignificación de la danza contemporánea en nuestro país y consiguió imprimir a la compañía un auténtico sello de calidad. Por fortuna, pudimos comprobar que este sello está más que consolidado con el espectáculo que nos ocupa, una combinación de tres piezas que, junto a las dos coreografías de Nacho Duato, Gnawa y Domina Nostra incluye Órbita y Derivas, de la coreógrafa catalana Àngels Margarit.

Al contrario de lo anunciado en el programa, esta pieza fue la encargada de abrir el espectáculo, al parecer por cuestiones técnicas. Se trata de un trabajo abstracto que se adentra en los límites de las acciones físicas con una coreografía que, a manera secuencial, va de la concentración a la dispersión en una vertiginosa sucesión de solos, pases a dos y tríos que los bailarines ejecutan con una encomiable limpieza técnica y expresividad. Lástima que la iluminación fuera tan monocorde y que por su carácter secuencial la danza abusara de la reiteración del movimiento y resultara un tanto tediosa. No obstante, dicha reiteración apunta hacia una atmósfera ritual que conecta con las otras dos propuestas coreográficas.

En Domina Nostra, Nacho Duato se deja llevar por la música que el polaco Górecki dedicó a la Virgen Negra de Polonia para crear una coreografía coral que delimita un juego de contrarios: el baile compacto de los diez bailarines, que despliega un torrente de sensualidad ritual, frente a los solos de la bailarina, que se funden con el misticismo de la música y la puesta en escena que, mediante la escenografía y el vestuario, reviste de simbolismo al baile.

Gnawa, en cambio, aunque también se centra en un entorno ritual religioso: las cofradías místicas musulmanas que utilizan los cantos y danzas para alcanzar un estado de trance, delimita una atmósfera mucho más cálida que indaga sobre los límites de la individualidad en el grupo y se dirige a un terreno espiritual mucho más cercano. En ambas destaca el estilo esteticista propio de Duato y su capacidad para imprimir a la trasgresión de la danza contemporánea la impronta apolínea del ballet clásico.

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