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Señor presidente, consígame empleo

Desde las oficinas del paro los sevillanos lanzan sus peticiones al futuro presidente del Gobierno, que saldrá hoy de las urnas

el 19 nov 2011 / 19:08 h.

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Más ayudas a los empresarios para fomentar la contratación, subvenciones que permitan iniciar negocios propios, cursos de formación más adecuados al perfil profesional de quien busca empleo -o al menos no tan aleatorios y repetidos- o simplemente una buena base de datos para buscar trabajo en el extranjero. La cola del paro es un rosario de ideas si se les pregunta a quienes están buscando trabajo qué le pedirían al próximo presidente del Gobierno, que será elegido hoy en las urnas. Entre todas las peticiones recogidas en oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) en Sevilla, Lali Jiménez, delegada comercial de 35 años, daría a la suya rango legal: "Me basta con que haga todo lo que dijo en el debate de televisión que iba a hacer. De hecho, yo haría una ley que obligara a los políticos a cumplir sus promesas electorales".


Lali lleva trabajando por cuenta ajena desde los 19 años y cesó como autónomo a finales de octubre. Trabajaba en una gran multinacional, tiene claro a quién va a votar e insiste: si se cumplen las promesas en materia de empleo de su candidato, será más fácil encontrar trabajo.


Más concreto es Javier Domínguez, arquitecto de 32 años que lleva en paro 20 meses: ayudas a la contratación (como pagar la Seguridad Social de los nuevos empleados durante un tiempo) o para crear pequeñas empresas son sus propuestas a quien, tras erigirse hoy ganador, tenga que afrontar históricas cifras de desempleo. "En vez de inyectar el dinero a los bancos deberían destinarlo a las empresas, que son las que crean empleo".


Él mismo montó un negocio de interiorismo, que aguantó tres años compaginándolo con su empleo en un estudio de arquitectura, pero no funcionó: "Es que mi sector está muerto", explica, por lo que no se plantea volver a intentarlo de momento. Cuestiona también los cursos de formación por ser poco útiles y siempre los mismos, y como el SAE le obliga a hacerlos dentro del proceso de búsqueda activa de empleo, ha llegado a cursar uno de manipulador de alimentos, que estimaron que le cuadraba porque incluyó en su curriculum su experiencia en la hostelería, donde trabajó "alguna vez, como todo el mundo".


Su pareja, Rocío Garrido, geógrafa urbanista de 31 años y también demandante de empleo, suscribe sus propuestas y reclama algo tan básico como que los servicios de empleo hagan algo más que remitirla a una página de internet: "Estoy buscando lo que salga, mejor fuera de España, pero no me facilitan nada. Me dicen que hay una página web para que me apunte, pero eso ya lo hago yo sin su ayuda", se queja. Tampoco le encuentra ningún sentido a los cursos que ofrecen. "La formación es muy importante, pero nosotros nos la hemos tenido que pagar; los cursos siempre son los mismos, deberían abrirse a sectores menos trillados que la jardinería o la hostelería". Así que la conclusión es cambiar de acera y comprar lotería: "¡Pon que pasamos del Inem al Euromillón, a ver si nos toca algo!".

Encarnación Muñoz, de 59 años y trabajadora del campo, es tajante sobre qué le pide al próximo presidente: "Trabajo para la juventud, porque ya para mí no sé, con la edad que tengo", dice. Se ha pasado los últimos años con faenas de apenas unos días, de aquí para allá, de la aceituna al algodón; es lo duro del campo, dice. Pero "lo de los jóvenes", defiende, "no es lo mismo, hay muchas criaturas que están paradas con buenas carreras", y eso le resulta incomprensible.

Ángeles Martín, de 46 años, que era dependienta de una tienda de comestibles, lleva sólo un mes en paro y ya se está planteando como salida montar su propio negocio, una tienda similar en su barrio, San Jerónimo. "Tengo algo ahorrado, pero no me atrevo a gastarlo todo por si me sale mal, me da miedo", explica. Por eso cree que si hubiera alguna subvención, o algo que diera cierta seguridad a los inversores, se plantearía lanzarse. Por ejemplo, alguna reducción inicial en el alquiler, mientras el negocio arranca, porque los locales que ha visto rondan los 500 euros al mes, "muy caros". Ángeles, que también ha trabajado en la limpieza, pidió algunos cursos de formación para cambiar de actividad una vez anterior que estuvo parada, pero no se los dieron.

También trabajadora de la hostelería, Gisela López, ecuatoriana de 37 años -que vota en España y ya sabe por quién lo hará hoy- está parada desde junio, pero no se enteró hasta hace unos días. El bar que la empleaba como ayudante de cocina le hacía contratos "mes a mes" desde hace seis años para que no se quedara fija. En verano la dejaron en paro como cada año, "el mes de vacaciones", como explica sin pizca de ironía, como si fuera lo normal. Pero a la vuelta le dijeron que "la cosa estaba mal", que esperara otro mes, y le fueron dando largas hasta decirle que no la iban a contratar más.


Gisela no concreta mucho qué le pide al próximo presidente del Gobierno porque no parece confiar en que sirva de algo: "Las empresas tienen su propia política y no se comprometen", asume esta trabajadora despedida sin finiquito ni agradecimiento a las horas extra no pagadas. Sí le gustaría que los servicios del SAE fueran más flexibles, porque le costó 15 días lograr una cita para inscribirse en el paro y, al confundirse de hora, tendrá que pedir una nueva y volver a esperar porque es imposible atenderla en el día.

"Hay que conseguir que haya trabajo, con eso funciona todo y el país sale de la crisis", afirma tajante Liliana Camacho, 46 años, peruana con nacionalidad española que hoy votará al PP. Aunque desde que está en España no ha trabajado porque lo hacía su marido, al quedarse él parado comenzó a buscar empleo en la hostelería o como cuidadora de ancianos, ya que tiene experiencia. Lleva seis meses intentándolo. Se atrevería a montar un restaurante, porque tuvo uno en Perú, y calcula que necesitaría unos 15.000 euros. "Si hubiera ayudas me gustaría tener uno propio", dice, proponiendo que se concedan estos incentivos: "hay que invertir en los empresarios". Es lo que su candidato dice que hará, pero ella misma augura que "prometen, pero luego no cumplen".

Su sobrino Hubert Oblitas, de 40 años, que lleva siete en España y tiene derecho al voto -rompiendo la disciplina familiar lo hará por el PSOE-, también ha encadenado empleos de hostelería, aunque es peluquero y quiere formarse en ayuda a domicilio. Pide cursos, pero sobre todo, resume su llamamiento al ganador de las elecciones en un axioma simple: "Más trabajo".

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