Local

Sentencia del caso Marta del Castillo: El problema eran las pruebas

En el caso Marta lo que ha fallado son las pruebas. O mejor dicho, la falta de evidencias.

el 29 ene 2012 / 19:16 h.

TAGS:

Los padres de Marta, acompañados por el alcalde Juan Ignacio Zoido y otros 40.000 sevillanos, en la manifestación en repulsa por la sentencia del caso.

Si en el caso Marta alguien ha fallado han sido los legisladores y no la Sala". Con estas palabras el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, salió en defensa de un tribunal y un Estado de Derecho cuestionados en los medios de comunicación (esencialmente en los programas de televisión más sensacionalistas) y en la calle. Pero, con todo el respeto, el ministro se equivoca. En el caso Marta lo que ha fallado son las pruebas. O mejor dicho, la falta de evidencias. Ante el impacto mediático y el clamor popular suscitados tras la sentencia, el Gobierno del PP ha presentado una batería de medidas para reformar la Justicia que incluye la implantación de la cadena perpetua revisable -o reclusión permanente revisable en una vuelta de tuerca más al lenguaje- y una nueva modificación de la Ley del Menor. ¿Pero qué hubiera cambiado en la resolución de este proceso dicha reforma? Lo más seguro es que sólo se hubiera celebrado un juicio -una de las principales reclamaciones de la familia-. Y probablemente Carcaño habría sido condenado a prisión permanente revisable, lo que no quiere decir que hubiera estado en la cárcel de por vida, ya que su pena tendría que reexaminarse pasados unos años (normalmente a los 20) y si el pronóstico fuera favorable hasta podría quedar libre. Pero poco más. En lo esencial el fallo hubiera sido el mismo. Ese hipotético tribunal también habría concluido que Carcaño y el Cuco son los únicos responsables de la muerte y desaparición de la menor. La frustración de los padres de Marta sería idéntica porque Samuel Benítez, Francisco Javier Delgado y María García habrían sido absueltos. Lo dijo durante el juicio una de las responsables de la investigación: no hay pruebas científicas. Las leyes pueden endurecer las penas, pero no pueden crear pruebas. ¿Y entonces para qué cambiar el actual Código Penal?

Gallardón no entiende la sorpresa -tampoco la de abogados y jueces que recelan de la constitucionalidad de algunas de las iniciativas- porque propuestas como la "reclusión permanente revisable" están recogidas en el programa electoral del PP que logró el apoyo mayoritario el 20-N. Y tiene razón e incluso es más que probable que estos cambios sean muy valorados por la sociedad. Pero ello no significa que la reforma sea necesaria, ni pertinente ni urgente. Porque, insisto, ¿qué mejoraría? ¿Presos más tiempo en la cárcel? España ya es el país más carcelero de Europa. Pese a que la cadena perpetua revisable de Gallardón ya existe en Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y Holanda; en estos países difícilmente alguien pasa más de 30 años entre rejas, lo que perfectamente puede ocurrir en España, ya que la pena máxima para los delitos más graves es de 40 años y existe el cumplimiento íntegro de la condena.

Si esa reforma judicial va a sacar de la calle y meter en prisión a más delincuentes, malhechores y asesinos, adelante. Si con esa reforma judicial un tribunal puede condenar a Samuel, al hermano de Carcaño y a su novia por encubrimiento, adelante. Si esa reforma judicial va a mitigar parte del dolor de las familias de las víctimas, adelante. Si esa reforma judicial va a impedir que se repitan casos como el de la pequeña Mariluz Cortés, adelante. Pero si esa reforma no va a avanzar en estos aspectos, ni en la despolitización ni agilización de la Justicia, entonces no. Y permítanme que les diga que, además, me parece un engaño.

Un gobierno tiene que dar respuesta a las inquietudes de sus ciudadanos. Y la Justicia es una de ellas. Especialmente por el impacto mediático de algunos casos, como el de Marta del Castillo, pero también por su uso partidista. Rajoy y su equipo no se pueden cruzar de brazos ni pueden dar la espalda al sentir de la calle. Pero la respuesta tampoco puede ser cualquiera. Tiene que ser la que el 24 de enero, en el tercer aniversario de la muerte de su hija, reclamaron Antonio del Castillo, Eva Casanueva y otros 40.000 sevillanos. Porque así se lo prometieron. Y si no es posible, que se lo digan. Cualquier otra cosa sería un timo.

En Twitter @atrujillo79

  • 1