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Sentenciado y sin crédito

Manolo Jiménez ensayó el duelo ante el Real Madrid con el único propósito de ganar. El arahalense anhelaba alzar el triunfo para aliviar la crisis de resultados del once de Nervión y para curar su orgullo de técnico interino. Renovó gracias a un final de Liga notable en el anterior ejercicio y firmó su sentencia ante su antecesor.

el 16 sep 2009 / 01:56 h.

Manolo Jiménez ensayó el duelo ante el Real Madrid con el único propósito de ganar. El arahalense anhelaba alzar el triunfo para aliviar la crisis de resultados del once de Nervión y para curar su orgullo de técnico interino. Renovó gracias a un final de Liga notable en el anterior ejercicio y firmó su sentencia ante su antecesor, un Juande Ramos que sonrió cuando los dólares se esfumaban hacia el muro de las lamentaciones hispalense.

Jiménez enterró al Sevilla en el Nou Camp con el fin de oxigenar su pizarra tipo. Su apuesta sepultó la imagen de solidez en Barcelona y propició un inicio sobresaliente ante el Real Madrid gracias a Duscher. El argentino, mayúsculo, secó a Guti y generó que los visitantes recurrieran a las transiciones directas para crear peligro.

El preparador local, ingenuo y en un gesto inequívoco de miopía, sustituyó al ex del Racing cuando los blancos maquinaban a una velocidad sideral. El Sevilla claudicó fácil, sin que el rival recurriese a la magia de los aspirantes a la gloria. El 4-4-1-1 inicial explotó en el universo creativo que tejió Guti: elegante, rápido, soberbio, generoso y, sin duda, sin la molesta marca de Duscher.

En los instantes finales, Capel suplió a un Perotti insistente y Maresca a un Romaric fundido. La afición, dicen, es soberana. Sentenciado y sin crédito.

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