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Cultura

"Ser escritora ya no tiene vuelta atrás para mí"

Reyes Aguilar aespertó al mundo exterior con su blog 'damadesevillanonombre'. Después lo cambió por las letras impresas en serie. A libro por año, visita en sus obras la autenticidad de personajes como Alfonso Jaramillo, Jesús de la Rosa o Walt Whitman.

el 24 dic 2014 / 13:00 h.

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bin_33602354_con_16578364 Reyes Aguilar. Foto: Rafael Avilés «Se apostó delante de aquella casa de la calle Gerona y llamó a la puerta. Abrieron. Tiene usted una hora para abandonar la casa, dígame cuánto quiere por ella». Podría perfectamente ser el principio de una de sus novelas, pero, por el momento, es solo su mayor deseo. Vivir en las cercanías de Santa Catalina es para Reyes Aguilar un objetivo que conseguirá más tarde o más temprano, igual que ha conseguido lo que se propuso un buen día, cuando, al borde de los 40, decidió cambiar su vida de ama de casa por la de escritora. Cinco años después, Reyes trabaja ya en su cuarto libro, que será novela. El último, El Manquepierda, una filosofía de vida, fue un ensayo sobre qué significa esa máxima en el mundo bético. Porque Reyes nació bética. Eso no tuvo ni que proponérselo. En su casa respiró en verdiblanco desde pequeñita, y desde entonces mantiene la tradición de ir a la tribuna de fondo del Villamarín acompañada de su hermana. En Heliópolis conocen bien a Reyes, y bien que la quieren. Es una de esas béticas notables que nunca ha necesitado tener músculo económico para que su opinión se escuche más allá de la puerta de cristales. Con su primera novela, El juego del hombre invisible (2011), Reyes cambió el rumbo de su destino. «Creo que yo no sabía quién era realmente yo, y aún hoy, hay gente que no se quiere creer que esto ya no tiene vuelta atrás». No va a quedarse en casa a ver cómo pasa la vida. A partir de entonces, adoptó una nueva forma de vida: «escribir cada día, asumiendo que era mi nuevo oficio». Como muchos, aún necesita compaginarlo con el empleo que le da de comer, pero tiene claro que ir al trabajo es solo un medio para llegar al fin real. Como metáfora de este propósito, cabría mencionar cómo una vez por semana, cuando va en bicicleta hacia su puesto laboral, para en el tenderete de Enrique, un exyonqui que vende libros viejos, a ver si encuentra algún tesoro que llevarse a la boca. «El otro día compré un ejemplar precioso de Cumbres borrascosas, con las tapas de piel, por un euro. Me daba pena dejarlo allí. Igual de pena que me han dado las cinco Treguas de Benedetti que tengo en casa». Reyes no niega que es algo fetichista. Tal vez, con lo que más, con el grupo Triana. Los títulos de sus canciones se desgranan a lo largo de las palabras que escribe Aguilar. Uno de ellos, Luminosa mañana, preside el comienzo de su primera novela. Con Jesús de la Rosa, el vocalista de Triana, tiene una relación especial. Nunca lo conoció, pero nadie lo diría. Muchos son los que dicen que la historia de De la Rosa pide a gritos ser contada con algo más de pasión y con algo menos de supuesta erudición por el rock andaluz. Entre las herramientas que usa Reyes Aguilar para escribir, está su propia formación. Ser una lectora voraz no era suficiente, y este año sacrificó tiempo y dinero para matricularse en Hispánicas. «Necesitaba tener aún más referentes, conocer muchas más fuentes, hacerme con un estilo más sólido». Su último descubrimiento, Walt Whitman. «Mezclar a Whitman con Triana no sería descabellado para comenzar un buen libro…».

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