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Ser europeos

Yo soy europea, pero sólo me lo recuerdan cuando hay que votar. Como tal he visto pasar elecciones y perder oportunidades como la de la Constitución que hubiera servido como frágil, aunque útil, esqueleto político para la comunidad de intereses y países llamada Europa, ahora tan inane.

el 16 sep 2009 / 03:14 h.

Yo soy europea, pero sólo me lo recuerdan cuando hay que votar. Como tal he visto pasar elecciones y perder oportunidades como la de la Constitución que hubiera servido como frágil, aunque útil, esqueleto político para la comunidad de intereses y países llamada Europa, ahora tan inane.

Tú eres europeo y puedes tener una infinidad de idiomas que hará difícil que nos entendamos. Lejos de la utopía del esperanto sólo el fútbol parece capaz de garantizar una conversación pluricultural a varias bandas. Con sólo pronunciar nombres como Messi, Zidanne, Ronaldo; o Milán, Real Madrid, Barcelona, Manchester; debidamente ayudados con gestos de pies y manos, podremos celebrar una jugada histórica o un gran gol. Lástima que este "idioma común" no sirva para compartir otras ilusiones o problemas. Él es europeo, aunque naciera en otra parte del mundo. La legislación que todavía mantiene la Unión, aunque no alguno de sus países como en Italia, garantiza la ciudadanía, con condiciones, a los habitantes de otras zonas menos favorecidas del planeta.

Nosotros somos europeos, y sólo podemos decirlo con tanta rotundidad por el hecho de compartir una moneda común, el euro. La Comunidad Económica Europea ha necesitado más de 50 años para ser una Unión económica. La apertura de fronteras y otras políticas plurinacionales han tenido en este punto su principal argumento. Lástima que no ser tan eficaces al hablar de libertad de opinión, igualdad entre ciudadanos y ciudadanas, política energética sostenible, a ser posible no nuclear, -con permiso de Felipe González- y no Vaticana y Liberal, -como quiere José María Aznar-.

Vosotros sois europeos. Y esto vale para los que se abrigan en banderas independentistas, o localistas, o nacionalistas, o fundamentalistas. Las banderas que tanto dividen son un esperanzador arco iris ante las instituciones europeas. Puede que sea una ilusión, o puede que no.

Y, ellos son europeos, lo son los partidos políticos que estos días dicen hablar de la Europa común, pero hablan de lo suyo. En consecuencia, hay empate y el anunció de una gran abstención.

Periodista. opinion@correoandalucia.es

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