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¿Será clave el testigo sorpresa?

Nadie esperaba a estas alturas del caso Marta que pudiera salir algo nuevo que no se haya contado hasta ahora.

el 20 nov 2011 / 16:11 h.

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Estamos acostumbrados a ver en las películas cómo cuando el juicio ya parece perdido aparece un testigo sorpresa de la mano del fiscal que tira al traste toda la defensa. O al contrario, que salva al acusado de una condena segura y el letrado se convierte en toda una estrella. Muy buen final de película, pero eso es cosa de los americanos y en el procedimiento español no es tan fácil. De hecho, ni uno de los abogados y jueces con los que ha hablado este periódico durante toda la semana era capaz de recordar algo así en toda su carrera. Si algo le faltaba al caso de Marta del Castillo era esto. Un testigo inesperado superado ya el ecuador del juicio puede ser clave.

"En los 85 años de experiencia profesional que suman los integrantes de esta tribuna en la jurisdicción penal, es la primera vez que una situación así se les plantea", reconocen los propios magistrados que están enjuiciando el caso en el auto en el que admiten la declaración del nuevo testigo. Ellos se han quedado tan perplejos como todos, incluidas las defensas de los acusados, que han intentado evitar, salvo la de Miguel Carcaño, que la proposición de la Fiscalía prosperara.

El principal problema que genera el plantear una nueva prueba a estas alturas del procedimiento, con el juicio más que iniciado, es cómo se encaja sin vulnerar ningún derecho de los acusados. No todo vale, y en este sentido, la Justicia española es muy garantista. El Ministerio Público fue el primer sorprendido cuando el viernes 11 de noviembre la Policía le comunica que hasta la comisaría de Blas Infante se ha trasladado un taxista que asegura que la noche del crimen, sobre las 0.30 horas, llevó a un hombre hasta el número 78 de León XIII. Un hombre que identifica como Javier Delgado, el hermano del autor confeso del crimen, y al que reconoce entre las fotos de varios individuos que le muestran los agentes.

El fiscal del caso, Luis Martín, rápidamente se reunió con la fiscal jefe, María José Segarra, para trasladarle lo que los agentes le estaban poniendo sobre la mesa: un testigo que sitúa a Javier en el piso a la hora que ellos creen que sacaron el cuerpo de Marta. Segarra decidió entonces abrir unas diligencias preprocesales para que la Policía llevara a cabo todas las comprobaciones oportunas para acreditar la veracidad del testigo. Una vez finalizadas las diligencias -en las que se ha tomado declaración a la mujer del taxista, al dueño del restaurante en el que compró comida tras dejar a Javier, y a un amigo de éste, para acreditar ciertos detalles- la fiscal jefe dictó un decreto por el que archivaba las mismas y planteaba la práctica de la prueba en el juicio.

Ahí llegaba lo complicado. Cómo plantearlo ante el tribunal sin cometer ningún error que invalide la prueba ahora o en un futuro. Que no se vulnere ningún derecho y que se haga con tal pulcritud procesal, que sea un testimonio clave en la sentencia. La Fiscalía se agarró entonces a la Ley de Enjuiciamiento Criminal, a tres artículos de la misma. Sin embargo, los magistrados aseguran en su auto que la práctica de estas nuevas pruebas "no tienen encaje legal expreso" en la citada norma. Ellos deciden aceptar el testimonio basándose, en cambio, en jurisprudencia del Tribunal Supremo. Es ahí donde encuentran un resquicio legal para una situación de difícil encaje en nuestro ordenamiento jurídico y que, ellos mismos, denominan como "excepcional".

Lo que sí dejan los magistrados muy claro en el auto, contra el que no cabe recurso, es que la prueba se practique "respetando el equilibrio de las partes propio del sistema acusatorio para preservar la imparcialidad del juzgador". Por ello, no sólo deciden tomar declaración al taxista y a su mujer, sino que también le dan a las defensas de los acusados diez días de plazo para proponer otras pruebas que puedan rebatir estos testimonios. Todo para evitar una posible nulidad que, aun así no sería descartable.

Las defensas se han opuesto a la práctica de esta prueba, entre otras cosas, "por extemporánea". Pero también incidieron en el hecho de que nuestro ordenamiento no posibilita la inclusión de una prueba a mitad de un juicio. Por ello, no sería nada extraño que alguno de los letrados de los acusados, especialmente el que representa a Javier Delgado, si finalmente se tenga en cuenta el testimonio de este testigo en la sentencia, plantee la nulidad de la prueba en su recurso y, por tanto, de todo lo que se haya decidido apoyándose en la misma.

De todos modos, aún está por ver qué validez le da el tribunal a esta prueba y si finalmente la tiene en cuenta en su sentencia o la descarta. Lo que es seguro es que las defensas irán a desmontar y desacreditar al testigo con una baza evidente: la tardanza en declarar. ¿Por qué ha tardado tanto en contarlo?, ¿cómo puede recordar tantos detalles?, ¿cómo está seguro de que era aquella noche y no otra? Son algunas de las preguntas que no faltarán en los interrogatorios de las defensas.

El testigo, que podía imaginarse la expectación que está causando, tendrá que ser contundente, muy contundente, para que su testimonio tenga validez. La presión mediática o la gravedad del caso pueden ser elementos que jueguen en su contra.

Habrá que esperar a hoy para saber qué cuenta y si su testimonio es tan fiable como para condenar a Javier Delgado y a su novia -ella se sitúa de madrugada en León XIII- por ayudar a Miguel Carcaño a deshacerse del cuerpo de Marta.

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