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Sevilla contándose a sí misma

Por Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla

el 06 nov 2013 / 22:59 h.

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Por Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla Si, como decía Arthur Miller, un buen periódico es una nación hablándose a sí misma, El Correo de Andalucía es Sevilla contándose a sí misma sus últimos 115 años de vida. Contar “la información, local, regional, nacional y extranjera (.) lo más completo, exacto y rápido que sea posible”, ése era el objetivo marcado por el diario en su primer editorial, que vio la luz el 1 de febrero de 1899. Más de un siglo después han cambiado las costumbres, las modas y la tecnología, pero el compromiso fijado por el cardenal Marcelo Spínola y Maestre se mantiene inquebrantable. Eso, y no otra cosa, quieren seguir haciendo los 53 trabajadores que mantienen viva, con su ilusión, profesionalidad y entusiasmo, la llama que encendió el entonces arzobispo de Sevilla. Todos ellos, ante la inquietante situación de incertidumbre empresarial y económica de la cabecera, se han erigido en abanderados y estandartes de un proyecto más que centenario que ha ejercido como cuaderno de bitácora de esta querida ciudad nuestra. Viendo su fe inquebrantable y su lucha denodada por no dejar morir El Correo de Andalucía uno no puede más que dar la razón a Ryszard Kapuscinski cuando afirmó que “para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos”. El periodismo es uno de los vehículos más eficaces para garantizar una democracia sólida y el librepensamiento de los ciudadanos. Todos los medios colaboran en construir una sociedad mejor cuando basan su trabajo en el respeto y la búsqueda de la verdad para hacerla partícipe a la sociedad. En la disidencia y el respeto está el secreto de la democracia. Disentir es respetar y en la disidencia también hay nobleza si se manifiesta con argumentos constructivos para intentar ganar con la fuerza de la razón. zoidoTodos estos argumentos, a mi juicio incontestables, bastarían por sí solos para justificar la supervivencia de un periódico, fuera cual fuera éste. Pero, además, estamos hablando de El Correo de Andalucía, un diario que ha contado a Sevilla desde su portada la Exposición Iberoamericana del 29 y la Universal de 1992, la histórica nevada de 1954, la declaración como Bienes Patrimonio de la Humanidad de la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias, el desbordamiento del Tamarguillo, las páginas de luto en los días en que la barbarie etarra campó por nuestras calles, los éxitos deportivos de Sevilla y Betis, las tardes en las que Curro Romero destapó el tarro de las esencias taurinas en La Maestranza o las finales de la Copa Davis ganadas por una España liderada por Rafa Nadal. Porque como bien han resumido sus trabajadores en una etiqueta exitosa en las redes sociales, #elcorreodeandaluciahacefalta y el largo camino recorrido desde el 1 de febrero de 1899 no puede acabarse aquí. Por ello, y como el alma de un periódico está en sus trabajadores, en todos aquellos que trabajan codo a codo en la redacción desde primeras horas de la mañana hasta la madrugada para informar a todos los sevillanos, hoy me gustaría tomar prestada la voz de muchos de ellos para defender su continuidad. Para defender El Correo de Andalucía, quisiera tener la rebeldía del padre Javierre, director en dos etapas distintas e Hijo Adoptivo de Sevilla; la valentía de Federico Villagrán, que antes de ir a prisión fue capaz de escribir una portada en la que él era el triste protagonista “Nuestro director, a la cárcel”; el compromiso de José María Requena; el olfato de Juan Holgado Mejías; la genialidad bohemia de Pepe Guzmán (¿petisú o magdalena?) y la profesionalidad y el señorío en el adiós de Juan Carlos Blanco, por citar sólo algunos ejemplos, pidiendo excusas a los numerosos ausentes. Y es que 115 años de grandes profesionales no caben en este artículo, que quiero concluir con un agradecimiento muy especial a los 53 valientes, y a todas sus familias, que están ofreciendo una lección a toda Sevilla. Siempre he defendido que nada es imposible y con el talento de esta fértil cantera de periodistas y el tesón que están exhibiendo estos dignísimos herederos del cardenal Spínola, no tengo ninguna duda de que hay, debe haber, un futuro para El Correo de Andalucía. Porque todo aquel que ame el periodismo, o simplemente la información como herramienta para la libertad, sabe que la historia de un periódico, por muchos años que tenga, siempre está en la edición de mañana. Ese es El Correo de Andalucía que todos anhelamos: el del eterno mañana en los quioscos. El que todavía no nos ha manchado de tinta las manos tras más de un siglo dejando su huella en las yemas de nuestros dedos, que es donde mejor se siente el latido de Sevilla.

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