Cultura

Sevilla descubre sus mejores tesoros

La ‘Inmaculada’ de Velázquez, el Carambolo y la Casa de Alba mandan en el calendario cultural

el 25 dic 2009 / 16:47 h.

Un pasajero abraza a un familiar a su llegada ayer al aeropuerto Jorge Chávez de Lima (Perú).
La primera gran noticia de orden patrimonial sucedió pronto, a principios del mes de febrero y, providencialmente, vino a marcar el desarrollo posterior del calendario cultural de Sevilla, que ha terminado con la exposición del Tesoro del Carambolo, y que ha sacado lustre a su vertiente más patrimonial en este 2009, luciendo los nombres de los genios y civilizaciones por las que hemos pasado a la historia. Hablamos de una bellísima estampa, una instantánea congelada el pasado 10 de febrero, cuando regresaba una Inmaculada de Velázquez que había salido de la ciudad en 1870 y que devolvía a Sevilla la grandeza de su patrimonio histórico-artístico, empresa en la que anda empeñada Focus-Abengoa desde la creación del Centro Diego Velázquez.

 

Y es que, apenas dos años después de que Focus hiciera historia con la compra del cuadro Santa Rufina de Velázquez, la institución volvía a marcar un hito con una Inmaculada Concepción que llegaba a Sevilla para completar su colección permanente del genio sevillano (del que hasta entonces tenía la ciudad tan sólo dos piezas).

La obra se fecha en torno a 1620, dentro del discurso del primer Naturalismo sevillano y pese a que hubo alguna duda inicial sobre su autoría (está atribuida a Velázquez pero hay quién apuntó a la mano de Alonso Cano) es sin lugar a dudas una obra de una calidad excelente surgida del taller de Francisco Pacheco, suegro de Velázquez.

A partir de aquí, el orden patrimonial y la Sevilla más barroca han ido enseñando la pata por debajo de la puerta cultural de Sevilla. Así sucedió meses más tarde, con la implicación de la ciudad en la más ambiciosa exposición sobre Barroco español que ha tenido lugar fuera de nuestro país. La National Gallery de Londres inauguraba el pasado 21 de octubre la muestra The sacred made real con nueve obras maestras llegadas a la capital británica desde Sevilla.

Son en concreto una versión menor de la Crucifixión de Juan de Mesa que procesiona cada Domingo de Ramos en la cofradía del Amor; la Cabeza decapitada de San Juan Bautista, también de Juan de Mesa (Catedral de Sevilla); San Ignacio meditando ante la cruz de Martínez Montañés (Hispalense); y una Inmaculada Concepción del mismo autor custodiada en la Universidad. De esta misma institución es la escultura San Francisco de Borja, de 1624, que se exhibe en la iglesia de la Anunciación, y que medita con una calavera en la mano.

Completan la expedición sevillana en Londres otro San Francisco de Borja meditando con una calavera, esta vez de Alonso Cano -en una pintura- y pertenciente a los fondos del Museo de Bellas Artes; una talla de San Bruno de MartínezMontañés, también de la pinacoteca sevillana; la pintura La Virgen de la Misericordia de Zurbarán (de la misma institución) y una Crucifixión de Martínez Montañés de la iglesia conventual del Santo Ángel de los Carmelitas Descalzos.

Poco más ha sucedido en la ciudad en materia histórico-artística. Hasta que llegó, claro, la Casa de Alba con su imponente colección de arte a colapsar los accesos del Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde aún se puede ver una exposición con las mejores joyas pictóricas de los Palacios de Liria y Dueñas. La duquesa de Alba de Goya y El Gran Duque de Alba, pintado por Tiziano, hacen que la larga espera en las puertas de la pinacoteca merezcan la pena.

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