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Sevilla entra hoy con las setas en la arquitectura de vanguardia

El alcalde inaugura el polémico y vanguardista proyecto

el 26 mar 2011 / 20:14 h.

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Tras 1.825 días de obras, duras críticas y mucha polémica, las setas de la Encarnación son ya una realidad. El alcalde, el socialista Alfredo Sánchez Monteseirín, inaugurará hoy -a dos meses de las elecciones- su proyecto estrella, con casi cuatro años de retraso. Eso sí, acaba con más de tres décadas con un solar en pleno Centro totalmente olvidado.


El diseño del alemán Jürgen Mayer -en 2005 medalla de bronce en el Concurso de Proyectos Sostenibles Holcim Awards y parte de la exposición permanente de arquitectura del siglo XXI en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), junto a otras 35 obras de todo el mundo- no deja indiferente a nadie. O se considera un espanto o una maravilla. Y eso que los ciudadanos aún no han podido pisar la parte alta del proyecto, su mirador, el restaurante, la plaza mayor de la primera planta, el Antiquarium, las pasarelas...


Todo ello será gestionado por la constructora Sacyr durante 40 años, lo que hace que el espacio haya dejado de ser totalmente público. Finalmente, no se podrá pasear por el puente sobre Imagen ni llegar a la seta más cercana a Puente y Pellón, pero sí por el resto de los parasoles. Al mirador a casi 30 metros de altura sólo se accederá por escalera y en visitas restringidas, mientras que la zona del restaurante en la parte alta sólo podrá albergar a 300 personas. Con todo, su diseño vanguardista transformó la plaza, devolviéndole la vida.


Sacyr ya cerró el alquiler de algunos locales y, por ejemplo, junto al mercado de abastos se podrá disfrutar de un bar de tapas bautizado como Sur, un establecimiento de una empresa de origen sevillana de "calidad, pero accesible a todos los ciudadanos", según fuentes del proyecto. Para ocupar el restaurante de la parte alta se postulan varias empresas, una de ellas sevillana de alta cocina. El precio del metro cuadrado oscila entre 18 y 20 euros, caro pero no en exceso para la zona, si bien los empresarios interesados reconocen que la inversión debe rondar o superar el millón de euros para que el restaurante sea de la calidad que exige Sacyr.


Y es que el proyecto de los parasoles, para alivio de los vecinos, ya está terminado, a falta sólo de algunos detalles como el desmontaje de grúas, ciertos revestimientos o instalaciones y la apertura de los comercios.
Durante estos últimos meses, más de 90 personas han trabajado en la Encarnación las 24 horas del día para rematar un proyecto con un sinfín de fechas de inauguración incumplidas y una gran complejidad.


Precisamente el ensamblaje del pino finlandés complicó el proyecto por una decisión que venía de atrás. Y es que hasta un año después de haber contratado a Sacyr y al arquitecto no comenzó la redacción del proyecto de ejecución, clave para comprobar la viabilidad de la obra. Entonces, ya se había firmado un contrato de concesión privada (por 40 años) y una subvención de 25 millones de euros a Sacyr. Pero nadie comprobó si el diseño de la cubierta diseñada por Jürgen Mayer era viable.


El problema fue que se empezó a ejecutar la cimentación basándose en los cálculos del proyecto inicial, no del definitivo. La ingeniería Ove Arup, contratada por Jürgen Mayer, concluyó en mayo de 2007 que la estructura del proyecto básico no era realizable, por lo que se plantearon dos soluciones que no se llevaron a cabo porque los cimientos no podrían aguantar el incremento de peso. En 2009 se consideró unir las maderas con barras encoladas con una resina especialmente diseñada para las altas temperaturas de Sevilla y para incrementar la rigidez de las setas sin aumentar en exceso su peso.


De nada de esto informó el Ayuntamiento en vísperas de las elecciones locales de 2007. Entonces, según el secretario municipal, debió pararse el proyecto. Pero Sánchez Monteseirín logró con su voto en el Pleno que las obras se acabasen, desoyendo al Consejo Consultivo de Andalucía, que dictaminó en contra de la segunda modificación presupuestaria (de 30 millones).


El coste se disparó de 51,2 a 89,7 millones de euros. A lo que hay que sumar los 12 millones gastados en las obras previas de emergencia en el solar, así como los gastos futuros que tendrá el Ayuntamiento: deberá destinar cada año más de un millón de euros, de una forma u otra, a subsanar errores del proyecto Metropol Parasol.


Las cuentas no cuadran, así que Sacyr y el Consistorio pactaron un plan financiero para cubrir, por ejemplo, el sobrecoste del mercado de abastos (el Consistorio pondrá unos 200.000 euros anuales). Para que los sevillanos puedan subir gratis al restaurante-mirador, Sacyr reclama al Ayuntamiento 180.000 euros al año, 7,2 millones en los 40 años de concesión. El Consistorio estudia ahora fórmulas (como el patrocinio) para evitar que ese dinero salga de su arcas.
Incluso el Ayuntamiento se ha mostrado dispuesto a echarle otro cable a Sacyr al alquilarle el edificio que ocupa la delegación de Hacienda (el número 24 de la plaza) por 720.000 euros al año. No tendrá, pues, que buscar inquilinos (algo que se antoja complicado en plena crisis) y Hacienda no se verá en la calle, ya que tampoco está lista la que iba a ser su casa, la Gavidia. Sin embargo, este alquiler se lo podía haber ahorrado el Consistorio (o una parte, ya que la sanción reflejada en los pliegos de condiciones del contrato por no abandonar el edificio tras las obras es menor que el arrendamiento).


Cuando los parasoles dejen de crecer, será el momento de hacer números o, incluso, de rescatar la concesión o de ir a los tribunales. Todo podría suceder. Y es que 40 años son muchos años de explotación. Lo cierto es que la Encarnación se ha convertido en un ejemplo más de que lo que es bueno en tiempo de bonanza es nefasto en crisis.


Pero si Sacyr y Urbanismo llegan a un acuerdo en el reparto del sobrecoste, seguramente la Encarnación no llegue a los tribunales. Con todo, el pliego de condiciones del contrato incluye las penalizaciones por retraso en los plazos de ejecución cuando éstos no fuesen imputables a la administración ni a fuerza mayor. La demora puede dar lugar a una falta grave sancionable con multa de 301 a 3.000 euros. Es más, se fija un máximo de 3.000 euros al día cuando persista el incumplimiento. Paradójicamente, Sacyr ganó el concurso gracias a ajustarse al presupuesto de salida en lo que respecta al dinero que en metálico debía aportar el Consistorio y, sobre todo, al compromiso de culminar la obra en el plazo más corto con respecto al resto de empresas.

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