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«Sevilla es autocomplaciente y a veces cree que roza la perfección»

Frente a la Sevilla que vive ensimismada, Sebastián Chávez, profesor universitario y presidente de la plataforma Sevilla Iniciativa Abierta, propone el reto de abrir la ciudad al mundo para que se empape de modernidad. «No vamos contra las tradiciones. Queremos aportar una visión complementaria».

el 15 sep 2009 / 22:17 h.

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Frente a la Sevilla que vive ensimismada, Sebastián Chávez, profesor universitario y presidente de la plataforma Sevilla Iniciativa Abierta, propone el reto de abrir la ciudad al mundo para que se empape de modernidad. «No vamos contra las tradiciones. Queremos aportar una visión complementaria».

-Usted preside una plataforma ciudadana llamada Iniciativa Sevilla Abierta (ISA). ¿A qué se cierra Sevilla?

-Sevilla tiene una gran tendencia a mirarse a sí misma; tiene, no digamos desprecio por lo foráneo, pero sí más interés por la vida interna de la ciudad que por lo que ocurre en el resto del mundo. Por esta razón quisimos llamarnos Iniciativa Sevilla Abierta, es nuestro compromiso por abrir la ciudad al mundo.

-Cualquier iniciativa de este tipo es interpretada inmediatamente como un movimiento contra algo, como por ejemplo, contra tradiciones tan arraigadas como la Semana Santa. ¿Cómo aúna ISA la tradición con el aperturismo?

-Discrepo. No nacemos contra algo. Nacemos a favor de que Sevilla se abra al mundo. Si estamos contra algo, es contra la cerrazón. No tenemos un discurso contra las tradiciones. Lo que decimos es que en Sevilla hay un desequilibrio entre el peso que tienen las tradiciones y lo contemporáneo, preponderante en el mundo actual. Queremos aportar una visión complementaria.

-¿Cuáles son, según ISA, las claves que explican que Sevilla se encierre en sí misma?

-Es una dinámica histórica. Sevilla vive un momento clave en su historia, concretamente en el siglo XIX, en el que hace una apuesta por lo agrario. Eso hace que la ciudad se tiña de lo rural. No sólo en lo económico, sino también en lo cultural. Adopta señas de identidad propias del mundo agrario. Éste está muy apegado a la tierra. Y mientras Sevilla hace esta apuesta, otras ciudades se decantaron por lo industrial. Se hicieron, por tanto, más permeables a la modernidad. Desde entonces, las instituciones, tanto públicas como privadas, han seguido la tendencia de mimar la tradición, de reinventarla en muchas ocasiones.

-¿La Expo del 92 no consiguió entonces romper esta tendencia y que Sevilla lograra mirar más al mundo?

-La Expo fue una magnífica oportunidad aprovechada sólo en parte. La ciudad no se sintió muy protagonista hasta casi el final e incluso maltrató a personas con una relevancia clave en la realización de la Expo, como fue el caso de Jacinto Pellón [comisario de la muestra]. La Expo fue una oportunidad en parte perdida, en parte aprovechada. Situó a Sevilla en el mundo, pero la inercia de Sevilla como ciudad ensimismada es muy fuerte.

-¿Seguimos sin ver nuestro potencial?, porque Cartuja 93 es el segundo parque tecnológico de España y todavía los hay que desconocen esta realidad.

-En Cartuja 93 hay muy buenos ejemplos de empresas innovadoras. En el sector que más conozco, el de la Biotecnología, hay empresas como Neocodex o Ingeniatrics que han conseguido situarse en el panorama internacional. Hay buenos ejemplos de cómo deben hacerse las cosas para entrar en la nueva economía, pero nuestra sociedad podría hacer mucho más. Sevilla sigue vinculada a la construcción, que hemos visto que es pan para hoy, hambre para mañana. Si una ciudad quiere ser competitiva tiene que tener el mundo como mercado.

-¿Es la construcción de hitos arquitectónicos una fórmula para abrir Sevilla al mundo? ¿Qué opina Iniciativa Sevilla Abierta sobre este modelo al que nos encaminamos?

-Creo que está en consonancia con las tendencias preponderantes. De cualquier forma, sobre cada proyecto hay que considerar su oportunidad, su uso, su idoneidad... ISA no tiene una postura general sobre la construcción de hitos arquitectónicos en la ciudad. Por supuesto que estamos a favor de que buenos arquitectos desarrollen su trabajo en Sevilla.

-ISA aboga por el debate ciudadano. ¿Ha existido sobre la necesidad o no de que la ciudad cuente con nuevos símbolos?

-El debate está plenamente abierto. No existe un déficit. Otra cosa es que las instituciones sean más o menos sensibles a lo que los ciudadanos opinan.

-¿Cuál es el diagnóstico que haría sobre la sociedad civil sevillana?

-El tejido asociativo es enorme, lo que ocurre es que está absolutamente centrado en la tradición. Aquellos que no sienten esa actividad como algo llamativo, que les motive, lo tienen más difícil, porque no hay una sociedad civil articulada en clave no tradicional. Uno de los objetivos de ISA es servir de red para articular a esos ciudadanos con otro tipo de intereses.

-¿Qué efectos tiene la falta de altavoz o plataforma para esos otros sevillanos?

-Pues que todo lo que tienen que aportar se pierde. La sociedad civil sevillana está muy sesgada hacia una única visión de la vida. Son esas facetas menos articuladas las que podrían contribuir en mayor medida a que Sevilla cogiera el tren de la historia.

-¿Falta liderazgo político para dar también opciones a esa parte de la sociedad que no comulga con las tradiciones?

-Los políticos responden a lo que creen que es el sentimiento mayoritario de los sevillanos. Y no creo que su labor sea organizar a la sociedad civil. Son los ciudadanos los que tienen que tomar la iniciativa. Probablemente, hay una percepción errónea sobre el número de ciudadanos que no se identifica con ese peso tan preponderante de lo tradicional. Son muchos pero pasan desapercibidos y por eso los políticos creen que no existen. Estos sevillanos son islas flotantes que se sienten desconectados.

-¿A qué achacan que esa ciudadanía tan potente no consiga organizarse y hacerse oír?

-La Sevilla tradicional tiene a su favor una estructura engrasada durante años. Crear de cero es mucho más difícil. No se trata de que las autoridades públicas se pongan a crear un entramado ciudadano, sino de que tengan sensibilidad hacia esos otros ciudadanos que se interesan por cosas diferentes. No tratarlos como marginales. Hay que darles las mismas facilidades.

-¿Qué papel está jugando la Universidad en ese cambio que ISA reclama?

-Tendría que tener un papel motor en la ciudad mucho mayor del que está desempeñando. Así como la ciudad es autocomplaciente y cree a veces que roza la perfección, la Universidad también se contagia de ese sentimiento y tiende a hacer dejación de su responsabilidad como motor de conocimiento y puente entre la ciudad y el mundo.

-La Universidad está inmersa en un proceso de cambio. ¿Cree que ha faltado debate interno?

-La Universidad es muy heterogénea. Cada área de conocimiento tiene además su propia idiosincrasia, un lenguaje diferente que dificulta que haya un debate global. La estructura de la Universidad lo dificulta. No hay herramientas fluidas para intercambiar opiniones. Como profesor universitario, creo que el debate académico está desenfocado. Lo más importante en una Universidad son los profesores, más que la organización administrativa, los nuevos grados o el papel de las empresas. Una Universidad con buenos profesores tendrá un buen resultado. Una que tenga profesores mediocres, por muy buena estructura administrativa que tenga, al final tendrá un resultado insatisfactorio. Las Universidades de referencia tienen profesores buenos, e incluso diría que excelentes. La Hispalense tiene profesores buenos y no tan buenos. La sociedad no está concienciada de la importancia de que los estudiantes tengan los mejores docentes posibles. Éste es el debate fundamental. Los universitarios debemos hacer autocrítica. Después de 30 años no tenemos la mejor Universidad posible. No hay más que compararse con otros países.

Puede leer la entrevista completa en la edición impresa de El Correo de Andalucía.

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