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Sevilla gana una dolorosa

el 16 sep 2009 / 01:08 h.

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Por lo meritorio del conjunto, nadie diría que la de ayer se trataba de la primera salida de la Virgen del Carmen. El bautizo procesional del palio carmelita en la siempre exigente pila de la Campana mereció el elogio y el aplauso cariñoso de Sevilla. Fue la nota destacada de una jornada para la historia de la Semana Santa.

Ya no será necesario que su fotografía figure más a los pies del Señor de la Paz. Ella siempre vino a la Campana con su cofradía, aunque de forma discreta, casi clandestina, semiescondida sobre la mesa del misterio de las Negaciones de San Pedro. Ayer lo hizo por vez primera bajo palio y despertando nuevas devociones en Sevilla. Sólo horas después de que el cardenal le derramara el agua bendita en Omnium Sanctorum, el paso de la Virgen del Carmen Doloroso, nueva bandera de la cofradía carmelita, daba sus primeras mecidas en las calles con un lepanto a sus pies, el gorro de marinero de uno de aquellos hermanos fundadores que coincidieron en el Cuartel de Marinería de San Fernando haciendo el servicio militar.

Mucho mérito han tenido los hermanos del Carmen al lograr poner en la calle en apenas un año un conjunto muy decoroso en el que ya se atisba la conformación de un estilo propio: el de un palio alegre, con velas rizadas, y a la vez solemne, ajustado a una hermandad joven, de capa y de la calle Feria. Una petalada recibió a la dolorosa de Francisco Berlanga a su llegada a la Campana. Suena Esperanza de Triana Coronada, un guiño musical a su hermandad madrina. Sobraron, quizás, representaciones civiles y militares ante el palio, así como artificiosidad en los vítores a la Virgen lanzados desde un balcón del edificio del Ocaso. La asignatura pendiente de la cofradía sigue siendo el exiguo cuerpo de nazarenos: el primer tramo del Señor entró en Carrera Oficial con once nazarenos de cirio.

Nervión fue el primer barrio en quitarse ayer la espinita del fatídico Miércoles Santo del año pasado, aquél que la lluvia quiso robarnos de principio a fin. Por vez primera, el Cristo de la Sed presenta una imagen novedosa en el paso luciendo corona de espinas y esas potencias que diseñara hace más de una década el recordado Fernando Marmolejo. División de opiniones. El Crucificado de Álvarez Duarte se levanta en el palquillo de la Campana en memoria de Engelberto Salazar, el que fuera delegado de día, de cuyo fallecimiento se cumplió el Domingo de Ramos justamente un año. Los nazarenos de Nervión llenan Sevilla de estampas con la oración por la vida de Juan Pablo II. Hasta 50.000 ha editado la hermandad. Unas monjas de Chicago, situadas en la plaza del Duque, no pierden detalle de lo que ocurre. Han sido enviadas por su obispo para grabar un reportaje de televisión. "Toca mucho el corazón", explica una de ellas.

San Bernardo dibuja un año más estampas de la mejor Semana Santa por un barrio donde la cal de las casas antiguas contrasta con las fachadas de diseño de los modernos edificios residenciales. La hermandad logra superar año tras año el listón que marca su delicioso clasicismo, su cuidada puesta en escena de cofradía de barrio, el invariable exorno floral de las andas y hasta el medido andar de sus pasos.

Para el cofre de las esencias de esas Semanas Santas que se fueron quedará la vuelta del palio de la Virgen del Refugio hacia Sierpes a los sones de Virgen de los Negritos. Siempre andando. Los Bomberos del parque central se deshacen en muestras y detalles de cariño al regreso de la cofradía por el puente.

Después de tomar café con los franciscanos del convento, como acostumbra a hacer, el cardenal preside un año más -quién sabe si el último- la salida de su cofradía. "Este año parece que es Domingo de Ramos toda la semana", comenta Carlos Amigo sobre la extraordinaria concurrencia de personas que se aprecia este año en las calles. Desde la coronación de su dolorosa, la hermandad del Buen Fin ha convertido su llegada a la Campana en todo un espectáculo de colorido. Una incesante petalada que pasa de ventana a ventana a lo largo de todo el lateral del edificio de Ocaso recibe a la Virgen de la Palma, exhibición que merece el aplauso de la plaza del Duque y la Campana.

El retraso que se acumula en los horarios obliga a La Lanzada a poner a sus nazarenos de tres en fondo. La mole neogótica del misterio de San Martín dobla hacia la Campana con sones clásicos de la Policía Armada. Suena La Lanzada, de Ramón Montoya.

La cofradía ha instaurado la tradición de dedicar a un único autor el repertorio de marchas que acompañe la entrada en Carrera Oficial de su dolorosa. Este año el homenajeado ha sido Manuel Marvizón. La reforma aplicada a los varales para eliminar su extraño bamboleo ha surtido efecto.

Desde el Arenal, El Baratillo trae hasta el Centro aires de los años 70 en la estética del palio de la Caridad (de nuevo exornado con los claveles rosas pálido que antaño le distinguieron) y prendido de su cera el recuerdo permanente por la ausencia de Pedro Dormido, ese acólito de 16 años que moría el pasado verano al fallarle su corazón. Los jóvenes de la hermandad le llevaron por la mañana hasta el cementerio un canasto de las mismas rosas que ayer exornaron de forma primorosa el monte de la Piedad. Las cruces de guía del Cristo de Burgos y Las Siete Palabras coinciden en la Plaza del Duque mientras el palio baratillero se pierde por Sierpes a los sones de Caridad del Guadalquivir. El retraso de seis minutos que dejó El Carmen se dispara ya a más de treinta minutos.

Los dos pasos de la única hermandad de negro de la jornada lucen claveles: rojo sangre de toro para el Cristo de Burgos, y blancos, sin más aditamento, para Madre de Dios de la Palma. Defiende la hermandad que el clavel es la flor más "justa" para los tiempos que corren. Una saeta se impone al murmullo de la Campana cuando el Crucificado de Juan Bautista Vázquez El Viejo se adentra en el adoquinado de la plaza. Gema Conde, segunda teniente de alcalde, ostenta la representación del Ayuntamiento de Burgos en el primero de los pasos. La dolorosa de la mirada al cielo luce este año su peculiar corona estrellada que ideara Marmolejo, en lugar de la diadema que estrenara en 2003.

Desde San Vicente, los nazarenos de túnica más antigua de la Semana Santa toman la Campana luciendo un atuendo unificado en sus tres pasos. Hasta el año 92 la cofradía desfilaba con tres túnicas distintas. Fue un año después, en el 93, cuando se unificaron las de los dos primeros pasos. Las Siete Palabras exhibe su vasto patrimonio de cofradía antigua. Levantás a pulso para el Nazareno de la Divina Misericordia, que pasea su zancada sobre un bello monte de lirios. Romanticismo decimonónico en el misterio de las Siete Palabras, rematado este año con unos soberbios faldones, y elegancia en el exorno floral de un palio (a base de rosas) para el que ya hay sustituto. Al paso se le desprendió el respiradero frontal en su primera levantá.

Será una noche de entradas tardías. El retraso sobrepasa los 40 minutos cuando el diputado de cruz de Los Panaderos se acerca al palquillo. Rosamar Prieto-Castro se estrena en eso de tocar martillos. A la delegada de Fiestas Mayores le cabe el privilegio de llamar al olivo de la calle Orfila a su salida. Se le agradece así sus gestiones para el desmontaje express de las catenarias. El misterio del Prendimiento se luce en la Campana y en la Avenida con el auxilio de la sonoridad de la banda de las Cigarreras. La estampa para el recuerdo la deja la Virgen de Regla, que excepcionalmente procesiona bajo el palio macareno de la Virgen de la Estrella. A la hermandad trianera se le dedica la salida de la Virgen panadera. Mejor ni mirar el reloj.

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