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Sevilla hablándose a sí misma

Por Antonio Hernández-Rodicio / Director de la Cadena Ser

el 06 nov 2013 / 23:12 h.

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Por Antonio Hernández-Rodicio / Director de la Cadena Ser “Un periódico es una nación hablándose a sí misma”. Esta sentencia de Arthur Miller es la que más se acerca a mi forma de entender un diario. El Correo de Andalucía –centenaria y dignísima cabecera, como se viene repitiendo estos días- es Sevilla y Andalucía hablándose a sí misma. Si el periódico no se convierte en el desvelador contumaz y riguroso de las noticias que afectan a la comunidad a la que sirve, si no ejerce su papel de agitador del debate público y si falla en la tarea de ofrecer opiniones plurales y libres, no sirve a su propósito y no merece tal nombre. El papel de un periódico es sustancial para cualquier sociedad que aspire a progresar atada a unos valores irrenunciables. Un periódico, si cumple fielmente su función, ayuda a hacer mejores ciudadanos. Vertebra la opinión pública de una sociedad y se convierte, tantas veces, en el intelectual colectivo que ayuda al progreso de nuestro mundo, nuestro pequeño y conocido mundo. El Correo de Andalucía ha sabido cumplir de sobras con esa encomienda, surgida del pacto explícito entre los ciudadanos, depositarios del derecho a la información, y los gestores autorizados de la misma, los periodistas. El Correo sigue hoy desempeñando un  papel fundamental en Sevilla y Andalucía. Su voz es irremplazable. Un periódico es su cabecera, su prestigio, su historia y el testimonio de servicio público que alberga en cada resma de papel de su hemeroteca. Es cierto. Así ha sido, desde la calle Albareda a la Isla de la Cartuja. Pero un periódico –el Correo- es hoy sobre todo lo que son sus trabajadores, sus periodistas. Ese grupo de profesionales  que sigue batiéndose el cobre en nombre de una cabecera insustituible, necesaria, un patrimonio del que no puede desprenderse frívolamente una sociedad que se precie. Dijo Montanelli que los periodistas “son sus cojones” y más allá de la limitación sexista, no se equivocaba el maestro de periodistas, siempre incómodo y rebelde con la injerencia de la política en el periodismo ¡Cuántas horas se echan en la redacción de un periódico¡; ¡cuántas llamadas, cuánta tensión por llegar al cierre, por confirmar esa última noticia exclusiva, por robarle a la competencia el minuto de gloria del día siguiente¡ El Correo ha sido, es y seguirá siendo escuela de periodistas. Sin duda. Pero permítanme subrayar hoy que ha sido igualmente una buena escuela de ciudadanos: la defensa de unos valores a lo largo de su trayectoria, el respeto a la verdad, su apuesta por la convivencia, su atención a las clases más desfavorecidas, su impulso a la identidad andaluza y el compromiso con Sevilla –hasta el último de sus pueblos- y Andalucía, lo atestiguan. Hoy es día de alzar la voz con mis compañeros de El Correo y reiterar que este periódico sigue siendo imprescindible. Su desaparición sería un error imperdonable para todos cuantos tienen en su mano la posibilidad de hacer algo y no lo hacen. Como lector y como ex trabajador de El Correo de Andalucía me siento orgulloso de haber compartido redacción con ellos. Y quiero creer, como cada uno de esos periodistas, que tanto esfuerzo, tanta ilusión y tanto oficio no ha sido estéril. Porque, con Ostos, creo que un periódico es siempre “razón, conciencia y opinión pública”.

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