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Sevilla no sabe de plazas

Todo el que haya recorrido la medina de Fez habrá encontrado en su interior sólo una plaza, la de los Caldereros, un espacio que apenas si merece el nombre. Sevilla antes de la llegada de las tropas napoleónicas tampoco las tenía exceptuando la de San Francisco -un lugar administrativo- y la del Duque, casi propiedad de un señor.

el 15 sep 2009 / 06:10 h.

Todo el que haya recorrido la medina de Fez habrá encontrado en su interior sólo una plaza, la de los Caldereros, un espacio que apenas si merece el nombre. Sevilla antes de la llegada de las tropas napoleónicas tampoco las tenía exceptuando la de San Francisco -un lugar administrativo- y la del Duque, casi propiedad de un señor. Las demás que hoy vemos, o estaban constantemente llenas de cosas, o eran cementerios, o simplemente no eran: lo fueron después, cuando esos franceses tiraron aquello que las ocupaba, casi siempre un convento o una vetusta iglesia, hija de sinagoga o de mezquita.

La Alameda era un descampado hasta el Conde de Barajas y luego fue lo que fue. Sevilla no tuvo nunca esos espacios europeos que se abren al comercio, al descanso, al espectáculo lúdico popular y, como no los tuvo cuando debería haberlos tenido, no sabe qué hacer con los que ahora tiene, por ejemplo esa Alameda donde el sí o no de los veladores y el color o forma de los parasoles ha alcanzado los mismos niveles de ordenanza administrativa que la variante de la A-8077 en los dólmenes. Cada dueño decora su bar, taberna o tasca con personalidad, hasta con mimo, pero no tiene iniciativa de puertas a fuera. Nada del diseño y la decoración vegetal que luce en París, Venecia o Amberes. Si aquí, como en Fez, las calles siempre fueron "de nadie", no digamos las plazas, que no existían.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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