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Sevilla no tiene un color especial

Contra lo que se pueda pensar, los extranjeros no están dispuestos a matar por venir a Sevilla. Ni la ciudad está pertrechada para ello (véase la escasez de vuelos internacionales) ni se oferta con entusiasmo fuera de España.

el 15 sep 2009 / 05:23 h.

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Contra lo que se pueda pensar, los extranjeros no están dispuestos a matar por venir a Sevilla. Ni la ciudad está pertrechada para ello (véase la escasez de vuelos internacionales) ni se oferta con entusiasmo fuera de España. Según el sector, la clave está en convencer a los touroperadores. Y no hay dinero.

Sevilla, destino número 60 del mundo y con 1.234.000 visitantes al año que le dan un notable alto de media y le dejan 730 millones de euros, no frecuenta los escaparates de las agencias de viajes extranjeras. Es un destino de segunda o tercera fila, generalmente camuflado en circuitos exóticos donde lo mismo se incluye la Costa del Sol que Marruecos o el Algarve. Esta realidad no se hace simpática en una ciudad cuyo PIB procede, en un 12%, de sus visitantes. Ni en una comunidad donde, según datos de abril del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, el turismo ha caído un 2,5% en los tres primeros meses de 2008. Podrá achacarse a la crisis, pero lo cierto es que Andalucía es la única autonomía española, de las 17 que hay, donde ha bajado la afluencia de extranjeros a juzgar por la tasa de variación interanual.

El Consorcio de Turismo de Sevilla ha estado trabajando durante todo 2007 con un presupuesto alrededor de un 400% mayor que el del año anterior: 14,5 millones de euros (un 2% de lo que los turistas se gastan aquí). Eso sí, el Ayuntamiento, según fuentes autorizadas, adelanta ya que esa subida fue excepcional, debido a una aportación extraordinaria de la Junta de Andalucía, y que para este año no cabe esperar otra igual.

Sea más o sea menos el montante, nunca hasta ahora habían sido tan intensos los esfuerzos municipales y empresariales por mejorar los datos turísticos de la ciudad; una intención que se estrella no contra el desconocimiento (al revés: Sevilla es una marca muy conocida), sino contra la apatía de los touroperadores foráneos; contra una competencia brutal y cada día más trabajada de otros lugares del mundo; contra la irrupción de Europa del Este y Asia en un mercado siempre ansioso de novedades y gangas; contra los defectos que (por más que duela reconocerlo o se esté trabajando en ello) afean Sevilla para el forastero, desde el tráfico imposible hasta los pésimos transportes entre la ciudad y el aeropuerto, pasando por la escasez de vuelos directos (no es falta de clientes: los pocos que hay vienen llenos. Otra cosa es que sean sevillanos de viaje); y contra la mala fama, que aún perdura. Quien quiera venir lo tiene fácil si se empeña, pero estímulos hay pocos.

"Sevilla sí está disponible para cualquier extranjero que desee venir, pero no está en los carteles de los escaparates", comenta el presidente de las agencias de viajes de Sevilla, Antonio Távora, ilustrando con esta frase tan gráfica el hecho de que falta todavía "mucho por hacer" en el fomento de la imagen que tiene en el extranjero una ciudad decidida a vivir, en lo posible, de sus visitantes.

Antonio Távora muestra los dos sistemas que manejan todas las agencias de viajes del mundo: Amadeus y Galileo. Con ambos, un viaje a Sevilla desde casi cualquier sitio se puede contratar en un minuto, incluyendo avión (por lo general, con escalas), hotel y hasta coche de alquiler. Y a unos precios excelentes. El problema no está ahí, sino en esa falta de promoción y en la costumbre actual de que cada viajero se gestione sus vacaciones por su cuenta, a través de internet. Ahí es donde Sevilla se convierte en un destino complicado a más no poder que invita a desistir de la idea a quienes no tengan un empeño especial por venir.

Uno de los muchos ejemplos de ello se puede ver en Edreams, una de las webs más recurrentes en el mercado anglosajón (que es donde Sevilla tiene puesta ahora la lupa del negocio). Allí aparece Sevilla como uno de los destinos más solicitados, aunque encontrar un vuelo para venir es una tarea propia del santo Job. Desde esa página, en diferentes días de consulta y eligiendo al azar un punto de partida (Liverpool, en el Reino Unido), por más fechas que se introduzcan no aparece disponibilidad de avión, ni directo ni con escalas. Eso sí, si en vez de Sevilla se marcan otros destinos, caso de Montreal (situado en el top mundial de visitantes en el número 85, o sea, 25 por debajo de Sevilla) o Frankfurt (que no está siquiera en esa lista de los 150 lugares), lo siguiente que hace el ordenador es invitar al cliente a elegir entre varios vuelos posibles.

Si el empeño es viajar a Sevilla desde Francia, la web de Lastminute en su versión gala es de las más socorridas. Tras seleccionar la opción de España, Sevilla no aparece hasta pasadas las primeras sesenta ofertas (playas, islas, Bilbao, Barcelona...) hasta que por fin se llega a un combinado de siete noches que incluye, además, Granada, Córdoba y Madrid.

En nombre de los hoteleros sevillanos, Santiago Padilla señala que es necesario "hacer más publicidad en los destinos con los que hay vuelo directo" al extranjero, caso de París, Londres, Bruselas, Amsterdam, Toulouse, Lisboa y los chárteres que buenamente se establezcan desde otros puntos. No es un buen dato que el aeropuerto de San Pablo registre al año 4.500.000 pasajeros (un tercio de ellos, pasajeros hacia o desde el extranjero), aunque parezcan muchos: Valencia tiene casi el triple, cuando su turismo es justo la mitad que el de Sevilla (pero le deja 100 millones de euros más al año: no todo es cuestión de cantidad). Aunque por encima de cualquier otra consideración, según él, la clave para atraer a más visitantes está en convencer a los operadores extranjeros para que destaquen la oferta de Sevilla. "A menudo se traen aquí o se va allí a hablar con ellos, porque es lo que da mejor resultado. Aunque lo cierto es que los esfuerzos se hacen en consonancia con el presupuesto que se tiene, que es menor del que sería deseable."

Por contra, hay un elemento muy beneficioso para Sevilla: el que las grandes cadenas hoteleras, presentes en esta ciudad, "publicitan sus productos en todos los países" y ello redunda en más turistas. No se sabe hasta donde influye esa autopromoción en la joya de la corona del turismo sevillano: los congresos, de los que la ciudad obtiene casi la mitad (333 millones) del dinero que le dejan sus visitantes.

El panorama, en resumen, es muy claro: Sevilla no sólo es atractiva como lugar adonde viajar, sino que quienes lo hacen se marchan muy satisfechos. La posibilidad de que el extranjero sepa eso y de hacer más llamativa la oferta turística de Sevilla está en los escaparates de las agencias del extranjero, en esos rótulos fosforescentes de colores que atrapan a muchos indecisos y abren el apetito a quienes ni siquiera lo habían pensado. Pero por ahora, Sevilla no tiene hueco en ellos.

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